martes 30 de septiembre 2014 | 11:14

Se puede hacer una novela sobre la vida de José-Piculín Ortiz

Béisbol | lun, 11-jul 15:23 Por: Jorge Sierra

José Piculín Ortiz

Los rumores sobre la mala situación personal de José Rafael (Piculín) Ortiz eran fuertes en Puerto Rico desde hacía tiempo, pero pocos esperaban la noticia bomba del pasado 30 de junio: Ortiz, una de las grandes leyendas del baloncesto latinoamericano, había sido detenido en su casa de Cayey por posesión de 218 plantas de marihuana y 40 municiones para fusil de asalto.

 

Por más que él lo hubiera negado, era vox pópuli que Piculín tenía problemas con las drogas. Se sabía que consumía. Lo que sorprendió es que le cazaran también involucrado en el cultivo y, quizás, comercio. Ahora el pívot puertorriqueño se enfrenta a una posible pena de cárcel de entre cinco y 40 años.

 

Después de una carrera profesional tremendamente exitosa en lo deportivo y prolífica en lo económico, el descenso a los infiernos de Ortiz, que dejó de jugar en 2006 a los 42 años, fue rápido.

El divorcio de su esposa Nirita Rodríguez y las malas inversiones (un restaurante de alta cocina en una ciudad de 50.000 habitantes como Cayey) dejaron muy tocadas las finanzas de Piculín.

Quedó poco de los más de 10 millones de dólares que se calcula que ganó en su desempeño como jugador en Puerto Rico, España, Grecia y Estados Unidos, donde jugó brevemente, y no demasiado bien, para unos Utah Jazz que lo eligieron en la posición número 15 del draft de 1987.

 

Ortiz dilapidó buena parte de su fortuna llevando una vida de lujos, pero también ayudando a gente de su entorno, según Julio Toro, ex seleccionador puertorriqueño.

 

"Gastó a manos llenas, fue muy generoso con muchas personas y tuvo mala suerte en sus inversiones," dice Toro. "Y claro, si el capital no se cuida, se pierde."

 

Piculín apostó por la política como tabla salvavidas cuando su situación financiera estaba ya muy deteriorada. Aprovechándose de su popularidad, fichó por el gubernamental Partido Popular Democrático (PPD), una formación centrista que fue arrollada en 2008 por el Partido Nuevo Progresista (PNP), partidario de la anexión a Estados Unidos, en unas elecciones celebradas poco después de estallar la crisis económica mundial. Piculín no sólo no obtuvo puesto como senador sino que su conexión con el PPD le cerró puertas de ahí en adelante.

 

Sorprendentemente para un jugador de su status en Puerto Rico, Ortiz tampoco consiguió empleo como técnico en el combinado nacional o en clubes de la liga local. Antes de su detención, eso sí, el ex jugador había estado trabajando en la construcción de un instituto de baloncesto para niños en Cayey.

 

"Él se sentía más cómodo entrenando niños y no teniendo que pelear con con los egos de los profesionales," afirma Raúl Alzaga, periodista del diario Primera Hora. "Él sí estuvo siempre dispuesto para trabajar con hombres grandes tanto con la selección como con equipos del Baloncesto Superior (liga puertorriqueña), pero ningún equipo lo reclutó."

 

Desde su retirada del baloncesto profesional, Ortiz, al que se vio con sobrepeso en las imágenes del arresto, había reducido drásticamente el contacto con mucha gente de su círculo habitual. Uno de ellos era Ángelo Medina, amigo desde los años 80 y apoderado de los Cangrejeros de Santurce, donde Piculín ganó cinco titulos.

 

"Los últimos años nos habíamos visto menos," dice Medina, manager de grupos como Maná o Calle 13 y anteriormente de Ricky Martin. "Le llamaba en los últimos tiempos y él no me respondía. Ya había un rumor muy grande en esos momentos de que él estaba involucrado en el uso de sustancias.

 

"Él se aisló de su gente. Estaba evidentemente en las garras del vicio. Estaba poseído. Él se aisló y se mezcló con personas de reputación dudosa."

 

Aunque en la prensa puertorriqueña hay duras críticas al ídolo caído, la reacción de la gente en general ha sido más de decepción y pena que de rabia ante la detención de un héroe nacional que trasciende el ámbito deportivo.

 

"Como él hizo admisión de culpa al ser arrestado, eso quizás le ayudó," dice Alzaga. "La gente en cierta manera lo apoyó por eso. Primero, por lo que ha hecho por Puerto Rico. Pero también por su admisión de culpa."

 

Ángelo Medina ha sido una de las personas que ha podido hablar con Ortiz en el centro de rehabilitación donde está internado.

 

"Yo tuve la oportunidad de verlo y está realmente arrepentido," asegura Medina. "Está confundido, afligido, pero a la vez le vi fuerte como siempre en los momentos de la verdad. Hay que recordar que era un jugador clutch que sacaba la cara en los momentos difíciles. Lo vi estable, preocupado... y abochornado."

 

"Él está arrepentido porque tiene mucho orgullo. Tiene tristeza por verse involucrado en esto. Pero reconoce que está enfermo y necesita ayuda."

 

Medina, precisamente, se ha propuesto formar un grupo para apoyar a Piculín en lo económico ante el proceso legal que se le viene encima.

 

La gente en Puerto Rico parece dispuesta a dar a Ortiz una segunda oportunidad. La justicia... puede ser otra historia.

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