Nueva York.- Los niños con trastornos urinarios pueden culpar a sus padres, según un estudio que sugirió que los hijos heredan los mismos problemas que los padres tuvieron en la niñez.
El equipo de J. Labrie, del Centro Médico Universitario Utrecht, en Holanda, comparó a 173 adultos con hijos con "vejiga hiperactiva" o "micción disfuncional" con 98 padres que llevaron a sus hijos al hospital por otros motivos.
La vejiga hiperactiva produce una necesidad frecuente de orinar, a veces con pérdidas. La micción disfuncional, en cambio, es una condición que permite orinar a pesar de que los músculos del piso pelviano estén tensos y se caracteriza por un flujo de orina ininterrumpido.
El equipo halló una relación "estadísticamente significativa": más madres de niños con vejiga hiperactiva o micción disfuncional dijeron que habían tenido los mismos síntomas en la niñez, a diferencia de las madres de los niños sin esos problemas urinarios.
"Los síntomas de la vejiga hiperactiva en la niñez se mantuvieron en la adultez", escribió el equipo en Journal of Urology. Pero no hubo relación entre los problemas miccionales infantiles y los trastornos para orinar en la edad adulta.
El equipo afirmó que es la primera vez que se identifica una relación entre la disfunción de la vejiga de los hijos y la de los padres. Pero se necesitan más estudios sobre los aspectos hereditarios de los trastornos urinarios.
"Existe poca información pediátrica disponible sobre la historia natural de la vejiga hiperactiva y de la micción disfuncional", dijo a Reuters Health la doctora Pamela Ellsworth, profesora asociada de urología y uróloga pediátrica en la Brown University, en Providence, Rhode Island.
Ellsworth, que no participó en el estudio, dijo que el estudio en Holanda y otros dos previos apuntan a una relación genética, pero insistió en que es prematuro aún concluir que existe esa relación.
Confirmar una asociación genética entre la vejiga hiperactiva y la micción disfuncional, aseguró, sería muy valioso para el tratamiento de los pacientes.
"Podríamos diagnosticar y tratar antes a los pacientes, lo que reduciría algunos de los efectos secundarios, como infecciones urinarias, constipación, incontinencia y sus consecuencias sociales, además de ayudar a los padres a sobrellevar los síntomas", aseguró.
La especialista indicó también que una limitación de esos tres estudios es que se realizaron a partir de los síntomas en los niños que los padres recordaban.
"Lo que necesitamos son estudios de largo plazo, que sigan a niños con vejiga hiperactiva y micción disfuncional hasta la edad adulta y analicen si los síntomas reaparecen o se mantienen, y luego estudien también a sus hijos. No hace falta decir que eso demandará algunos años", dijo Ellsworth.