Santiago de los Caballeros.- El drama de las familias que perdieron sus casas y otras propiedades, luego de los derrumbes que se registraron en febrero del año pasado en la localidad de Carlos Díaz, del municipio de Tamboril, en Santiago, es tétrico y desolador y al menos doce de los afectados han muerto por depresión.
El coordinador del Comité de Lucha de Defensa de los Damnificados de Carlos Díaz, José María Cruz, comunicó que la depresión que sufren por la impotencia de haber perdido sus casas, predios agrícolas y animales y no tener donde vivir, ha acelerado la muerte de 12 de ellos.
“Eran gente que nacieron, crecieron y vivían en un ambiente agradable y de comunión en la montaña, pero de repente lo perdieron todo y ahora están pasando todas clases de calamidades”, expresó.
Cruz Luna identificó a los fallecidos como Manuel Antonino Rodríguez, Elíseo López, Rafael Céspedes (Fellito el carnicero), Antonio Céspedes (Carpio), Secundino Veras, Leonte Méndez, Juan Evangelista López (Chachita, Francisco Lora, Virgilio Céspedes y Justo Collado.
Subrayó que la mayoría de las personas fallecidas pasaban de los 50 años y padecían de multiples achaques pero que la salida de su habitad y el sufrimiento causado por la desesperación de no saber cuándo ni donde serán reubicado aceleró su muerte, según el análisis de los médicos.
Cruz Luna expresó que ante la incertidumbre que viven, los damnificados de Carlos Díaz hicieron pública una carta en la que apelan a la conciencia y al sentido humano del Gobierno, para que disponga la construcción del proyecto habitacional donde ellos serán reubicados.
En la carta, las familias afectadas por los deslizamientos ocurridos el 9 de febrero del pasado año 2009, explican al jefe del Estado Dominicano que tras perderlo todo en aquella catástrofe están sufriendo la odisea de estar sin trabajo y vivir en casas alquiladas o arrimados en viviendas de amigos y parientes.
Tras explicar el sufrimiento que están padeciendo los damnificados de Carlos Díaz también solicitaron a todos los sectores de la sociedad acudir en su auxilio para entre ellos pueda renacer la paz, la tranquilidad y la felicidad de que gozaban en su desaparecida tierra.