Luego de un año de ausencia debido a litigios financieros entre los organizadores y los dueños de los derechos, la Fórmula 1 regresa a Montreal para satisfacción de los actores políticos y económicos canadienses que consiguieron doblar el brazo del omnipotente Bernie Ecclestone.
"El retorno de la F1 a Montreal es el resultado de nuestros esfuerzos y determinación. Se trata de un arreglo que respeta nuestras condiciones como así también la capacidad de pagar de los contribuyentes", se felicitó el alcalde de Montreal Gérald Tremblay.
Sin embargo, hace dos años, en el otoño de 2008, nada hacía preveer un desenlace favorable para los canadienses.
Entonces no fue suficiente un mes de negociaciones para encontrar un acuerdo. Ecclestone, el tesorero de la F1, pretendía 112 millones de euros por cinco Grandes Premios o dicho de otro modo 22 millones por cada edición.
Poco conocido por su sentimentalismo en los negocios, el millonario británico no concedió ningún descuento. Los poderes públicos canadienses, que sólo alcanzaban a reunir 70 millones de euros, no tuvieron más remedio que resignarse a perder la prueba.
Menos de un año más tarde, en septiembre de 2009, las dos partes llegaron a un arreglo y Canadá pudo frotarse las manos de satisfacción al obtener un precio de unos 10 millones de euros por cada Gran Premio.
El intransigente Bernie Ecclestone terminó finalmente por ceder mientras la F1 era sacudida por la crisis con el abandono de algunas escuderías (Honda, Toyota y BMW) y la venta de parte de otras (Renault).