Las actitudes y situaciones para todos resultan seducibles e incluso encantadoras.
Es conocido y aceptado que el pronunciamiento de los líderes políticos, empresariales y religiosos nos dejan un discurso tal, que algunos desearían poseer un léxico que le ganara atención aunque en su reflexionar determinara la existencia de la seducción.
Seducción es el acto de seducir, inducir y persuadir a alguien para modificar su opinión o hacerle adoptar un determinado comportamiento.
En verdad, es bueno estar en diversos medios, ser conocido y tener el don de emitir conceptos a todo un público que ve, oye, lee y analiza. Siendo del todo realista es un privilegio.
Y dando más claridad en el juego de la seducción, las imágenes se venden y cautivan en mayor medida que las palabras crudas y directas, pues producen encantamientos, los cuales frenan ataques de violencia e incomprensión a oponentes y detractores. Los ejemplos abundan en los ámbitos políticos, artísticos y sociales y créanme, hay muchos actores de los medios de comunicación que saben explotar bien esta realidad.
Otros temas que siguen siendo seducibles igual que 50 años atrás: el hombre alto, fuerte y con dinero sigue despertando muchísimo el interés femenino. Una mujer joven, con buena apariencia, seria, que trabaje y esté en la universidad, provoca la ilusión de cualquier hombre que sepa que lo de la media naranja es demostración de que el amor es cosa de dos.
¿Quién que vea en la cartelera de cine una película cuyo argumento se centre en la violencia, el sexo, droga y dinero, no queda seducido para gastar un mínimo de 600 pesos (si es una pareja)?
Ponga en práctica sus tácticas de seducción para pasar a ser de los que envuelven, no de los envueltos y usados. Además, hay cientos de cosas que se alcanzan con esta virtud o habilidad; esto último lo dejo a consideración de ustedes.
En todas las conquistas este arte ha estado presente y por algo será.
“Cuando no se ve como un arte a la seducción, a un solo coro la demagogia”.