“Entiendo que la poesía está en mis manos, ahí está mi arte”

Asegura Eduardo Rodríguez Calderón, hacedor de instrumentales médicos que han  ayudado a salvar muchas vidas…
 
“No se ni podré saber algún día la cantidad de personas que han recuperado su salud gracias a los instrumentos que he creado, pero se que es una cifra considerada, porque son más de 50 años de labor ininterrumpida”.

La afirmación sale como un suspiro y la voz se entrecorta. No cabe duda que quien dedica su existencia en bien de las demás personas, crea una especie de halo que les dignifica y genera respeto. Es el caso de Eduardo Rodríguez Calderón, quien reflexiona junto al equipo de conductores del programa vespertino ¿Qué pasa hoy? sobre esos días difíciles, en su Cuba natal, cuando se dificultaba realizar las operaciones de corazón abierto y su padre decidió diseñar aquel instrumental quirúrgico que ayudó en las cirugías…
 
-¿Se trata entonces de una herencia familiar?

“Sí, la técnica médica que desarrolló mi padre fueron continuadas por mi. Podemos hablar de una herencia familiar, donde yo no soy más que un continuador de lo que él comenzó desde los años 30.
 
“Mi padre era un hombre excepcional, sobre todo tenía habilidades manuales muy marcadas. Empezó a trabajar en un hospital y ahí daba soluciones a diferentes problemas que se presentaban con los instrumentos médicos. Recuerdo que cuando era pequeñito me encaramaba en una banqueta para verlo trabajar. Después pudo montar su taller y esa es la génesis de la técnica médica cubana”.
 
Un inicio al cual continuaron esfuerzos que les hicieron merecedores, al padre y al hijo, de reconocimientos por su aporte al mejoramiento de las técnicas quirúrgicas.
 
Eduardo Rodríguez Calderón ha recibido premios como: Medalla a la Calidad, de la Feria Internacional Salud para Todos; Medalla Hazaña Laboral, la del 30 Aniversario de la Academia de Ciencias de Cuba, que es otorgada a personalidades y científicos que hayan contribuido al desarrollo de la ciencia cubana, entre otras.
 
-¿Puede mencionarnos algunas de sus innovaciones?

“Mi primera creación fue una cápsula para hacer biopsias, cuya característica es que pueden realizarse 5 o 6 disparos. En mi país, las cápsulas existentes en el mercado eran de un solo disparo, o sea que si al primero no se obtenía muestra de la mucosa o tejido, había que comenzar desde el principio.
 
“Después hice la espátula, con ayuda del eminente obstetra doctor Eduardo Martínez, basada en el hecho de que la cabeza fetal tiene una rotación de 180 grados para poder nacer y se necesitaba crear un instrumento idóneo para evitar el sufrimiento fetal a la hora del parto.

“El tercer invento está concebido para cuando hay que realizar histerectomía, que es la extracción del útero o matriz de la mujer. Este aparato reduce a cero la posibilidad de producir daños por parte del médico”.

Rodríguez Calderón insiste en que estos inventos siempre los ha realizado en coordinación con especialistas: “porque es el médico quien siente la necesidad de elaborar algo mejor o diferente para su trabajo; yo estoy preparado para interpretar lo que necesita y elaborar ideas tecnológicamente realizables”.

-¿Algunas experiencias, de esas que quedan para siempre…?

“Sí, son muchas. Por ejemplo, al principio del triunfo de la revolución cubana, en enero de 1959, se presentó una epidemia de gastroenteritis que sorprendió a Cuba sin trocar para canalizar las venas. Ahí fue que mi padre y yo unimos esfuerzos. Recuerdo que trabajamos día y noche para poder dar una respuesta positiva a las necesidades, y se ganó la batalla.

“En 1961, durante la Crisis de Octubre, Cuba estaba pendiente del peligro de una guerra nuclear, ahí comenzamos a fabricar cánulas endotraqueales para los servicios médicos”.

-¿Siguen utilizándose estos inventos?

“En Cuba, en algunos hospitales de maternidad siguen utilizando la espátula de mi creación”.

-¿Se preparan nuevas generaciones en estas especialidades que usted y su padre han ejercido?

 “Esta profesión no se estudia en ningún lugar. Una persona se gradúa de ingeniero electrónico o mecánico y existen cursos que forman como electro médico, que se ocupan de la parte de la electrónica dentro de técnica médica”.

-¿Con cuántos especialistas se cuenta en esta disciplina?

“Lamentablemente, no ha existido preocupación por buscar sucesores. Yo formé a algunos que han decidido finalmente trabajar en otras cosas. La situación del período especial y el bloqueo que vive el país no se pueden subestimar. Fíjese que desde el punto de vista de la información tecnológica y en el suministro de materiales, hay que recurrir a mercados más lejanos y más caros. Hoy sólo quedan dos compañeros trabajando en un hospital de la Habana.
 
“De todos modos, a pesar de las dificultades el país ha avanzado en los servicios médicos, nos hemos detenido, pero nunca retrocedimos”.
 
-¿Cómo se considera a sí mismo Eduardo Rodríguez Calderón?

“No me creo ni muy inteligente, ni un genio. Me considero como un sacerdote que ha dedicado su vida en bien de la humanidad, para ayudar a la gente enferma, facilitándoles el trabajo a los médicos”.

Jubilado, pero no retirado, este hombre emprendedor continúa su colaboración con algunos profesores y médicos cubanos en el mejoramiento de los instrumentos médicos. Añade que en la nueva etapa que vive la sociedad cubana y con la apertura hacia el trabajo individual, piensa emprender nuevas actividades relacionadas con el desarrollo del instrumental médico:

“Espero que mi profesión resurja. De entrada, voy a formar a mis dos nietos en esta especialidad. Los incentivaré para que aprendan a ser emprendedores. “Por suerte, siempre tengo cosas que hacer, los médicos vienen a buscarme para que los ayude y lo hago voluntariamente. Ahora pienso abrir mi taller privado. De veras me siento orgulloso de lo que hago, de ser quién soy y lo que he realizado hasta este momento de mi vida.
 
“Le decía a un amigo que escribió un libro de poesía, que yo no era muy cercano a ese texto, pero entendía que mi poesía está en mis manos, ahí está mi arte”.

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