Haití: digno de mejor suerte

Los habitantes de la parte occidental de la isla Española parecen condenados al sufrimiento, esto es, como si se invirtiera la suerte de los pobladores occidentales del globo terráqueo cuando de los nuestros se trata, pues resulta que el Occidente Mundial tiende a presentar mejores condiciones de vida que la disfrutada por los pobladores del otro hemisferio.

Sobre la historia de Haití se sabe que es el resultado de las devastaciones ejecutadas a partir del 1604 en la sufrida colonia española de entonces, acciones que fueron obra   del torpe Gobernador Osorio, quien a su vez estaba bajo la égida de Felipe II, el católico. Haití vive desde hace varios años una situación de extrema calamidad y ha precisado de la ayuda o clemencia internacional, talvez los responsables de esa miseria se creen que están haciendo una gran labor, cuando en realidad lo que hacen es paliar parte de la pesadilla económica y social que crearon al despojar a este pueblo de sus riquezas para el engorde de sus ambiciones.

En los registros históricos se observa que para el 1923, Haití poseía el 60% de sus bosques y en la actualidad solo conserva el 2% de tal vegetación, lo cual tiende a convertirlo en un desierto en donde habitan alrededor de 10.033,000 habitantes, según cifras del año 2009, lo que hace suponer que viven algo más, no obstante el éxodo acelerado  hacia la parte este de la isla y a otras regiones del área americana.

A la desgracia que constituye la pérdida de su área boscosa se tiene que sumar por vía de consecuencia las inclemencias del clima, toda vez que esa destrucción del suelo trae consigo desastres naturales al producirse lluvias y otros fenómenos atmosféricos, tal y como vimos en el 2008 con las tormentas que azotaron a este empobrecido país.

El colmo de la desgracia sabemos que llego el 12 de enero del 2010, terremoto que termino con la vida de mas de 250,000 personas y destruyo las débiles obras de infraestructura existentes.

Ante esa situación de calamidad general, la comunidad internacional hizo un gran aspaviento y los muy ingenuos creían que de verdad actuarían para socorrer al hermano en apuros, pero nada mas falso, se trataba de una muestra publicitaria. De lo prometido se dice que no ha llegado ni el 10%, pues de lo que se trataba era de presentar una imagen de supuesta solidaridad y hasta de mostrar niveles de competencia sobre quien aportaría mas, resultando que las naciones con menos posibilidades, como Cuba, Venezuela, Ecuador  o Dominicana aparecieron demostrando que lo más importante es la sinceridad y los vínculos fraternos y no la simulación y el engaño.

Países como Estados Unidos de Norteamérica en lugar de recurrir al aporte de bienes materiales y ayuda en la medida en que su gran poder expoliador le permitiría, recurrió a militarizar el territorio haitiano, en violación a las más elementales normas de derecho internacional público y hasta al sentido prudente en que debe manejarse una catástrofe como la vivida en esta isla.

Los norteamericanos siguen demostrando que no les importa Haití, ni el sufrimiento de sus millones de habitantes, que sólo le importa la seguridad de sus capitales, así como evitar que ante la hambruna generalizada de los haitianos, estos pretendan llegar a su territorio y tener que compartir las riquezas del norte con ellos.

Desde hace varios lustros, Haití, al igual que República Dominicana vive una especie de Fideicomiso mal administrado, desde; luego que en el caso haitiano la situación se observa peor, lo cual se explica en las condiciones económicas y sociales de este pueblo y por haber tenido factores muy diferenciadores en sus orígenes y surgimiento como republicas, pero ambos han sido victimas de  dictaduras, intervenciones militares, golpes de estados, fraudes y en fin dominación extranjera, ya de forma directa, ya por vía de organismos o pro-cónsules, en la actualidad mediante gobiernos que solo tienen de nacionales, el hecho de haber nacidos en nuestros territorios, pero sujetos a las órdenes de los organismos internacionales o los embajadores de las potencias occidentales que los controlan.

La situación haitiana se complicó con el terremoto, amplió la desgracia con el Cólera y tiende a sucumbir con el fraude electoral de Preval y la llegada de Jean Claude Duvalier, esto último como una provocación o jugada indefinida de los estadounidenses, los cuales usan al ex/dictador como una forma de presionar al débil Preval en sus intentos por dejar a uno de los suyos a partir del termino de su gestión.

La llegada de Duvalier y la crisis originada por el fraude electoral ha puesto al títere gobernante haitiano a pedir orientación o auxilio al Presidente Fernández, mismo que no puede actuar motu propio, sino que precisa de la bendición del poder imperial, por eso uno no tiene mas que reír al ver el viaje urgente de Preval , antes de que Leonel inicie una gira tal vez  sin frutos para la nación hacia Suiza e India dentro de pocas horas.

Haití esta en una encrucijada, victima de la voracidad de las potencias, con una clase dominante parasitaria, con ausencia de verdaderos líderes, con sus riquezas sustraídas, millones de personas expuestos al hambre, enfermedades, inclemencias del clima, un suelo desértico, provocaciones de ex _dictadores, humillaciones en el extranjero, fraude electoral, intentos de perpetuación en el poder títere, etc.

Ante una vida tan difícil para nuestro hermano pueblo haitiano, no cabe otra alternativa que no sea la solidaridad y hacer conciencia de que ambos pueblos son una especie de siameses, en la que la suerte de uno es la misma que correrá el otro. De ahí que el programa de redención que nos demos en el este, tiene que servir a la causa del oeste, no otra posibilidad, aun conservando las características y rasgos esenciales de ambas naciones, tal y como la vislumbro el padre fundador de la República, la vida nos enseña que la infelicidad de un lado repercute en el otro y que la libertad y progreso de uno debe servir al bienestar conjunto.

Lo anterior me lleva a la conclusión de que no solo Haití debe ser merecedor de mejor suerte, sino ambos pueblos, el haitiano y el dominicano, por la condición de siameses de estas dos naciones.

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