“Que no puedas llegar es lo que te hace grande”. Goethe”
Juan Isidro Pérez, un trinitario ilustre, amigo leal y sincero de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, es una vida de cuyo estudio podemos obtener muchas enseñanzas.
Su vida ejemplar, su concepto de dignidad, nos inclinan a pensar que la juventud de hoy debería estudiar su obra y seguir su ejemplo si es verdad, que deseamos y queremos una Patria como la soñaron los trinitarios y como también la aspiramos los que tenemos fe en nuestro país y consideramos que es preferible una democracia con sus imperfecciones, pero fundamentada en la organización transparente, pero no aquella que los demagogos populistas que se creen impolutos y pregonan sin control a los cuatro vientos sus falsas bondades, aprovechándose de la emotividad de las masas y en fin de cuantos corruptos que pululan en todos los partidos políticos, pero siempre acaban en la picota del pueblo y por desgracia rara vez en algún juzgado.
Toda la vida es una cadena y todo se encadena cuando el destino así lo quiere: no importa que no alcancemos tal o cual cosa, como le sucedió a Juan Isidro Pérez porque no supo o no pudo, porque perdió un eslabón de su cadena, pero llenó a plenitud su cometido en la escena de la historia de nuestra independencia, con deseo, con honradez y lealtad hacia sus amigos y la patria, por eso sostenemos, que nuestra juventud debe hurgar y examinar la vida de esté prócer y seguir su ejemplo.
Juan Isidro Pérez no tuvo tiempo para abrazar con todo su calor humano y conquistar la mujer de sus sueños, porque cuando el alma de un hombre se siente prisionera de una gran ambición o un ideal puro, el amor pasional no tiene cabida para este ser, hasta tanto no haya alcanzado, la realización de su ideal. Por eso J. I. Pérez no buscó el amor de una mujer, otro gran amor es el que llena su alma, su espíritu, todo su ser: el amor a la Patria: la mujer es sólo para él uno de los motivos por lo que se ve envuelto en la epopeya gloriosa de nuestra independencia: si es que el vio que la mujer dominicana le venía una desgracia encima, porque en aquella época se pensaba que era imposible el matrimonio con un haitiano. Es que además no tuvo tiempo para amar, quizás cuando pensó buscar una compañera, comprendió que su demencia la haría desgraciada, y por eso no amó, sería que su carácter no se amoldaba al de las mujeres, o en tal caso pensaba como Balzac, en situación semejante a la de Pérez dijo: “el hombre de letras debe abstenerse de mujeres, por que le harán malgastar el tiempo. Debe limitarse a escribir, así se forma el estilo”.
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