El asesinato del periodista José Agustín Silvestre, de la Romana, ha destapado la olla de las preocupaciones e inquietudes (aún más), en República Dominicana.
Hablar de cárteles de la droga y de grupos del crimen organizado que trafican, asesinan, secuestran, etc., parecía sólo pertenecer a las historias de México, Colombia y otros territorios cundidos por ese mal. Pero, ahora resulta que las autoridades identifican su presencia aquí, distribuidos por regiones y organizados con cabecillas de experiencia en el tema y todo.
La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), ha trabajado muy fuerte, eso nadie puede negarlo; pero, al parecer el narcotráfico avanza con botas de siete leguas y a una velocidad indescriptible.
Los detalles sobre cómo fue asesinado el comunicador podrán traer más luz sobre el asunto, porque, tal y como se ha dicho, este crimen fue ordenado por uno de los presuntos jefes del denominado Cartel del Este, identificado públicamente con nombre y apellidos en un artículo escrito por el comunicador en una de las ediciones de su revista “La Voz de la Verdad”.
No son pocos los periodistas y funcionarios honrados amenazados, tampoco es un secreto el trasiego de drogas que se lleva a cabo en el país y que a partir del apresamiento de Figueroa Agosto o Junior Cápsula ha comenzado a ser develado…
Como dirían los ancianos: “si el llanto llega a los ojos, ¿cómo será el corazón?” Todavía quedan sorpresas nada agradables para la sociedad dominicana y ojalá estemos a tiempo para detener este monstruo que, no solo avanza, sino que crea ramificaciones peores que una metástasis fuertemente arraigada.