El ingeniero agrónomo Hipólito Mejia, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), se ha propuesto con indiscutible firmeza, después de su paso por la Presidencia de la República, tratar de regresar a conducir los sagrados destinos de una nación que a pesar de exhibir signos aparentes de algún progreso económico y social, detrás de esa fachada se encuentra una realidad lúgubre de pobreza, de miseria, de desempleo abierto, de una penosa insalubridad, con bajos niveles de educación y, sobre todo, de inseguridad ciudadana y de miedo.
Los esfuerzos que realiza Hipólito Mejia por obtener el triunfo anhelado en las elecciones generales pautadas para el 2012, no dejan de ser valerosos y elogiables, toda vez que como se sabe, las bases económicas y sociales sobre las cuales han debido reposar la solidez y el progreso de la Nación se hayan desfallecidas y vacías sus reservas estratégicas por la manifiesta voracidad de un gobernante, Leonel Fernández y de un partido, el de la Liberación Dominicana (PLD), cuya gula parece insaciable de poder y de riqueza.
El ingeniero Hipólito Mejia se ha impuesto la misión de reconstruir hilacha por hilacha los hilos destejidos de la Nación para robustecer la esperanza de un verdadero desarrollo que se ha extraviado en los vericuetos y marañas de un gobierno como el de Leonel Fernández y de un partido, el PLD que le ha vendido a los dominicanos y dominicanas una democracia de formalidades simplista que solo ha servido para coger el pueblo de zoquete.
Revestido de una envidiable experiencia de Estado y cobijado bajo un manto de firmeza para enfrentar con inflexible decisión la tarea colosal de reconstrucción nacional sobre cuyos senderos de progreso y bienestar colectivo ha de desarrollarse la Hacienda Pública para que los dominicanos animados por la confianza consagrada en las palabras y la propuesta de gobierno de Hipólito Mejia, la Nación logre engrandecerse y empinarse por encima de la miseria y el abandono que ha llenado de calamidades sociales y económicas un país, que de haberse hecho lo que debió hacerse y no se hizo en 7 años ininterrumpidos de gobierno peledeista, el estado general de la nación hubiese sido diferente.
El nuevo trayecto de fe y de esperanza que ofrece Hipólito Mejia a los dominicanos y dominicanas no esta sustentado de ninguna manera en propuestas filosóficas, en utopías, vacías de contenido objetivo y, por tanto, impracticable en un mundo que debe ser gobernado sobre la base de proyectos que puedan materializarse y a los cuales los habitantes de la Nación puedan acceder con facilidad.
Quienes han observado el proceder sincero y mesurado de Hipólito Mejia, unido a su sólida y consagrada creencia en la unidad sagrada de la Familia, están conscientes que bajo un nuevo gobierno suyo el país enderezará el rumbo de los años que se han perdido por la desorientación y en el derroche de los recursos del Estado que han debido ser usados en programas reales de desarrollo y de progreso general.
Mientras los habitantes de la República no abdican ni un minuto en exhibir sus demandas y reclamos por una sociedad materialmente menos excluyente y más equitativa en la distribución de su riqueza, el presidente Fernández y su partido se obstina aun en sus últimos momentos de gobierno en hacerle la vida más miserable y desdichada a sus gobernados quienes no toleran un segundo mas tantas injusticias.
El ingeniero Mejia, un hombre que cumple la promesa a la cual se ha comprometido frente a los ciudadanos y ciudadanas de este país, como es la de proporcionarle a sus conciudadanos no una democracia de fachada sino un gobierno pluralista que tenga su base bien afirmada en la justicia social y en una justicia distributiva en la que todos y todas los habitantes se sientan representados y no excluidos de una prosperidad a la que tienen derecho y de la cual deben ser participes y no simples espectadores.
Los dominicanos no necesitan que se les trate con caridad, porque la compasión o la lástima no resuelve necesidades; el pueblo merece que se le respete y se le provea de las herramientas esenciales para su desarrollo, como promete Hipólito Mejia; quienes hablan de caridad son los políticos astutos como Danilo que esconde en los discursos de campaña su perfidia. Ejemplo ya tienen los dominicanos de hoy con el PLD y con Danilo Medina, quien junto al presidente Fernández construyó una forma de gobierno avaricioso, excluyente e inhumano. No obstante, después que Danilo se dio cuenta del monstruo que había creado cogió miedo a su voracidad y se refugio a invernar en su madriguera, lejos de aquel engendro, hasta que éste se hartara de riqueza y de poder.
El autor es abogado.