De aquella acción muchos hablaron hasta el cansancio. Él apenas comentó, más bien actuó, como suele suceder con los hombres de su estirpe. Primero fue el desagradable encuentro con los jefes de la recién iniciada Guerra de los Diez Años, quienes aún no le conocían y como que él traía la recomendación del iniciador de la lucha independentista cubana ese 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, aconsejando que le dieran responsabilidades porque
tenía experiencia militar, pues los demás le miraron de mala gana y hasta alguien reflexionó en voz alta y hosca que para mandones sobraban.
No olvidaría jamás que Donato Mármol, respetado jefe de muchos jefes mambises, decidió que marchara con un grupo de 200 hombres para emboscar a la columna de 700 españoles que avanzaba por Los Pinos, comandada por el coronel Demetrio Quirós Weyler, acompañados, además, por dos piezas de artillería de montaña. Allí se las tuvo que jugar todas por todas, y en ese instante llevó a cabo la primera carga al machete en las maniguas cubanas.
Desde la madrugada del 4 de noviembre, él había ubicado a unos cuarenta hombres de forma escalonada, a un kilómetro al oeste de Baire, de esa parte oriental de la Isla, por el camino real, en un punto conocido como Tienda del Pino. Sus órdenes eran muy precisas porque sólo la sorpresa les ayudaría ante una marcada superioridad en número de hombres y armamentos.
Y la sorpresa significaba pensar cómo salir de tan difícil encrucijada. Claro que él estaba acostumbrado a lo difícil, a veces hasta creía que nada podía ser lineal y definitivamente simple y mucho menos en el campo de batalla. Fue cerca del mediodía, cuando ya la vanguardia enemiga se hallaba dentro del área en que ellos se habían emboscado que tuvo lugar lo que a él mismo le dejaría impresionado. De un salto salió al camino y su grito fue orden precisa: ¡Al machete! De los dos lados cayeron mambises sobre los españoles, enarbolando las otrora herramientas de trabajo. Los de la península ya estaban acostumbrados a pelear fuerte, pero así, no; los ojos se les abrieron espantados ante la filosa hoja de acero cortante que pasaba como un fantasma luminoso y cruel sobre sus cabezas, torsos y miembros.
La respuesta fue un terror total que no le permitió al adversario organizar la defensa. Doscientas bajas hubo como resultado de este encuentro y la huida de heridos, cuyo pavor se mezclaba con gritos que la brisa cargada de polvo y calor se encargó de hacer más penosa.
Desde entonces “la carga” fue leyenda. Pero él no se detuvo a beber los elogios de su táctica. Aprovechó las ventajas de los logros en Ventas del Pino y después de una maniobra por el norte del camino real, se fue a ocupar junto a sus hombres las posiciones en Loma del Sitio, al este del poblado, donde, una vez adueñados de dos piezas de artillería que pertenecían al enemigo, dispararon sobre sus trincheras.
Unos días después, el 8 de noviembre de ese primer año de la guerra, las fuerzas españolas iniciaron una marcha hacia Santiago de Cuba, siempre hostilizados durante el avance por pequeños destacamentos de los insurrectos. Alguien narró que en las noches, cuando conversaban en grupos, se escuchaban las voces quedas de los hispanos repetir: “Santo Dios, cualquier cosa acepto en esta guerra, pero no ese machete que parece salido del infierno… ¡el machete no (…)!”
Nota al lector:
Se plantea que la denominación de mambí nació en República Dominicana, como término con el cual calificaban a los luchadores por la abolición de la esclavitud y por la independencia. Luego, en los campos de Cuba, se empleó para llamar a los insurrectos que luchaban por la libertad, por lo que el término se dignificó con sangre y patriotismo. Otras versiones hablan de la división en sílabas y la traducción en inglés: man, hombre; bis, dos veces. Gutiérrez Félix, Euclides. Héroes y Próceres Dominicanos y Americanos,3ª ed. Santo Domingo, Editora Nuevo Diario, 2000, p. 238. (En este texto, el autor menciona el período de la Anexión de República Dominicana a España, donde Gómez prestó servicios en el ejército español y protagonizó una carga al machete conocida como la del “Guanal de Paya”).
Este texto prosigue a la publicación del ciclo de relatos de la vida y obra del Generalísimo Máximo Gómez, contados en primera persona, según texto íntegro tomado del libro Máximo Gómez, el Viejo Mambí.
