El 25% de los niños que padecen cardiopatías congénitas presentan malformaciones en otros órganos, lo que agrava más la situación, y combinado con lo costoso de los tratamientos se convierte en una bomba de tiempo.
De acuerdo con la presidenta del Consejo de Cardiología Pediátrica, de la Sociedad de Cardiología, Janet Toribio, esas afecciones son el problema cardiológico más importante en la niñez, no solo por su frecuencia sino por su gravedad. El soplo es el principal motivo de consulta.
Toribio indica que de un promedio de 900 niños que nacen al año con una anomalía, cerca de la mitad será sintomática durante el primer año y la mayor parte requerirá de una cirugía correctora o paliativa.
“Una cardiopatía congénita no diagnosticada, ni tratada, siempre es algo serio, y a diferencia de lo que ocurre con otros órganos, con un corazón enfermo la situación clínica de los niños pequeños, en especial de los recién nacidos, cambia rápidamente pudiendo ser grave en pocas horas o días”, explica.
Explicó que el hecho de que su hijo sea paciente cardíaco, es motivo de preocupación para los padres, sobre todo, cuando son de escasos recursos. Aclara que aunque hay organizaciones que se dedican a realizar jornadas quirúrgicas gratuitas, la cantidad de niños atendidos al año queda muy por debajo de los que necesitan el procedimiento.
El tema se tratará en la celebración del 50 aniversario de la Sociedad de Cardiología, del 9 al 13 de abril y del Simposio Internacional de Cardiología los días 12 y 13, dedicado al doctor Mariano Defilló.
Toribio advierte sobre factores que pueden incidir en las cardiopatías congénitas. Cita la ingesta de alcohol y de otras drogas durante el embarazo, las infecciones virales, sobre todo, durante el primer trimestre de gestación, la diabetes y el lupus eritematoso.
Dice que hay más de 50 tipos de lesiones, que con frecuencia se combinan en un mismo niño y ciertos nombres de cardiopatías engloban realmente varias anomalías, como es el caso de la Tetralogía de Fallot. No existe, sin embargo, necesariamente, una relación directa entre el número de lesiones asociadas y la gravedad del caso.
La situación es más preocupante cuando en un mismo hogar hay más de un miembro afectado, lo que ocurre porque un matrimonio con un primer hijo con cardiopatía congénita, tiene una probabilidad aproximada de un 3% de que un segundo nazca cardiópata.
Ese panorama se complica cuando además está de por medio el síndrome de Dawn, cerca del 45% de los niños con esa patología padece alguna malformación cardíaca, lo que puede reducir significativamente su promedio de vida.
