Siria: hambre y miedo en la batalla por Alepo

Un hombre anciano pasa al lado de un tanque quemado y cruza, despacio, una calle desierta mientras pide ayuda. Viste una larga bata, o galabiya, su cara delata muchos veranos sirios y su cabeza está envuelta con un pañuelo de cuadros rojos y blancos.

«Mi familia se ha ido y yo necesito un lugar seguro para quedarme», dice.

A sus 90 años, Mohammed Khalaf se merece algo mejor. Ha vivido muchas guerras y más de una revolución.

Hoy se sienta, solo, en su casa en uno de los suburbios pobres de Alepo, aterrorizado por los tiroteos y la artillería que explota no muy lejos.

Su familia se fue de la ciudad. Dice que lo dejaron atrás, pero –viejo, asustado y confundido– es probable que su cabeza ya no esté tan bien como tiempo atrás.

Dice que recuerda la batalla contra la ocupación francesa, pero añade: «No nos atacaban durante el Ramadán (el mes sagrado musulmán)».

«Las cosas que están sucediendo ahora nunca sucedieron durante la lucha por la independencia».

Al salir a ver si la panadería estaba abierta, el sonido aterrador de un intenso tiroteo estalló cerca.

Trató de cubrirse, pero su cuerpo no puede competir con sus instintos de supervivencia y lo mejor que pudo hacer fue arrastrarse torpemente.

Listos para la huida

A su alrededor, la batalla de Alepo está en su apogeo. La situación sobre el terreno ha cambiado por completo en los últimos días. La lucha se ha intensificado y el gobierno ha desplegado miles de tropas y tanques para tratar de recuperar los barrios que cedió una semana antes.

El comandante de la brigada Tawhid, uno de los mayores grupos de combatientes rebeldes en Alepo, nos llamó para una reunión.

Saleh Abdul es un hombre de negocios convertido en líder rebelde. Dice que su brigada tiene miles de combatientes que controlan más del 40% de los barrios de la ciudad. Se trata de una afirmación imposible de verificar.

Quería hablar con el pequeño grupo de periodistas extranjeros que habían entrado en la ciudad. Empezó con una advertencia de que cada uno debe tener sus maletas y sus autos listos para salir en cualquier momento.

Dijo que los tanques más cercanos ahora están a solo 2 km. Con el ojo puesto en una forma de escape le pregunté: «¿En qué dirección?»

En un raro momento de franqueza, teniendo en cuenta la amenaza que sus hombres enfrentan, respondió: «En todas las direcciones».

«O morimos o ganamos»

A pesar de la amenaza que crece día a día, esa fue una evaluación honesta de uno de los opositores armados, que a menudo inflan su fuerza y número enmascarando la vulnerabilidad con la confianza y las palabras duras.

«Decidimos y nos prometimos que íbamos a pelear», dijo. «Vamos a morir o vamos a ganar».

Sin embargo, sus opciones son desalentadoras: una fuerza armada convencional con tanques, morteros, artillería, helicópteros y aviones de combate se está enfrentando a combatientes rebeldes armados con fusiles Kalashnikov y lanzacohetes.

No obstante, el terreno de estas zonas densamente pobladas está a su favor.

Muchos de los rebeldes están preparados para la batalla como ninguno de los soldados del gobierno lo está. Los rebeldes están produciendo sus propios dispositivos explosivos y bombas molotov, y están tal vez más dispuestos a hacer el último sacrificio que un ejército de conscriptos y soldados profesionales.

El hambre

No muy lejos de la base de los opositores, se encuentra la panadería a la que acudía Mohammed. Allí atienden a los clientes a través de un hueco en la pared.

La panadería volvió a abrir sus puertas después de permanecer cerrada durante más de un día. La mayoría de las tiendas de alimentos en los distritos donde se está desarrollando el combate están cerradas.

Muchos residentes padecen hambre y claman cada vez más desesperadamente por los panes redondos y delgados típicos de la región.

Suriya, una madre de mediana edad, finalmente llega a la parte delantera de la cola, mete la mano a través de las rejas de fuera de la panadería y consigue agarrar un pan. Al igual que muchos sirios pobres, ella tiene una familia grande que alimentar y, sin frutas o verduras frescas disponibles, esta es su única oportunidad para conseguir alimento.

«Mucha de la gente pobre está sufriendo de falta de alimentos y agua», se queja. «Muchos se van a dormir con hambre».

Su sufrimiento no parece que vaya a terminar pronto. La escasez de alimentos, agua y electricidad han hecho difícil la vida para los residentes. El siempre presente peligro de las bombas y las balas es difícil de soportar.

Miles de familias han huido de la ciudad. Hombres, mujeres y niños son asesinados cada día, víctimas inocentes de una batalla que no eligieron y que nadie parece capaz de parar.

Esto es sólo el comienzo de la batalla por Alepo y es imposible predecir su resultado.

Sin embargo, una cosa parece cierta, este combate va a moldear el destino del presidente Bashar al Asad, la revolución que lo enfrenta y la nación siria. Y dejará un número difícil de determinar de muertos y heridos.

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