“El viejo y el Mar me acercó a la leyenda del Hemingway cojimero”

Esa mañana el viejo Ova se levantó, como de costumbre, apenas el sol asomó en el horizonte. Su esposa preparaba el desayuno en la cocina, hacía sonar platos y lo llamaba a la mesa, pero Ova prefirió no aparecer.
 
Era el día que habíamos señalado para vernos. Él debía revivir los momentos de su juventud, de sus inicios como pescador, de su amistad con Hemingway. Yo lo escucharía y enlazaría sus múltiples historias a mis vagos conocimientos sobre la vida del papa, a las anécdotas que había leído en El viejo y el Mar. Por eso Ova desapareció desde muy temprano, «para no llegar tarde a la entrevista», me confesó después. Me esperaba donde menos habíamos acordado, frente al Torreón de Cojímar, justo bajo el busto de Hemingway.
 
Quizás el escritor estadounidense jamás imaginó que después de tantos años Cojímar lo recordaría con tanto cariño. Haber formado parte de una generación que convivió con él durante cerca de 20 años, y que a la vez sirvió de inspiración para la obra del premio Nobel norteamericano, se ha convertido en un boleto de la suerte dentro de este pueblito anclado a la orilla del mar.
 
Pocos quedan hoy de quienes lo conocieron. Uno de estos pescadores afortunados, el único que aún vive de todos los que convivieron con el autor de Por quién doblan las campanas, es Osvaldo Carnero, el viejo Ova. Los más de setenta años lo achacan y algunos creen que su vida se resume a la pesca y a contarle a quienes llegan al pueblo historias de Hemingway «¿Qué más podría hacer? eso fue lo que aprendí, lo que la vida me enseñó», me comenta entre risas señalándome la imagen del busto.
 
Ova, uno de los participantes en la filmación de la película El viejo y el Mar, fue la primera persona que me acercó a la leyenda del Hemingway cojimero.
 
-¿Cómo conociste al Papa Hemingway?
 
“Tenía doce años cuando aquello, era el año 1948 y había dejado la escuela porque mis padres eran muy pobres y debía trabajar para ayudar a mi familia. Me dedicaba a la pesca, cuando aquello se pescaba a remos y a vela, era muy difícil.
 
“Un día andaba pescando por las cercanías de Tarará con un amigo y me agarró una tempestad tremenda. De verdad que yo creía que no podríamos sobrevivir. En el medio del mar, con tanto viento y tan jóvenes los dos, sentía que se viraba nuestro bote cuando vimos que se acercaba un yate. Era el viejo Hemingway, aquella fue la primera vez que lo vi. Su figura era impresionante, se veía que no era cubano. Nos recogió y nos llevó hasta el muelle de Cojímar. ¡Nos salvó la vida!
 
“En lo que pasaba la turbonada el papa estuvo conversando con nosotros dentro de su propio yate y nos brindó un trago de whisky. Fue la primera vez que tomé en mi vida”.
 
-¿Cómo fue que llegaron a entablar una amistad?
 
“Antes de nuestro encuentro ya Hemingway frecuentaba Cojímar, solía anclar su yate El Pilar en el muelle y tomarse unos tragos en La Terraza, pero después de aquella conversación sus visitas se hicieron más frecuentes aún. Nos llamaba, nos sentaba en un jagüey frente a La Terraza y nos preguntaba de todo.
 
“Hablaba poco, solo nos escuchaba, sonreía y bebía todo el tiempo mientras anotaba en una libretica que llevaba en el bolsillo. Todavía muero por saber lo que ponía en esas páginas.
 
“Para él resultaba muy interesante todo lo que le decíamos, mientras la pesca era para Hemingway un hobby, para nosotros era una necesidad. Luego de dos o tres meses de aquellos encuentros, se acercó a nosotros y nos confesó con estas palabras: Estoy haciendo una novela, se llamará El Viejo y el Mar y el protagonista será Anselmo.
 
“Después nos dijo que la historia sería llevada a una película y que los pescadores de Cojímar iban a trabajar en ella.
 
“Después del día que nos contó lo de la película, el papa estuvo buen tiempo sin venir. Parece que estaba discutiendo con la Warner Bross, pues la compañía no estaba de acuerdo con que las imágenes fueran filmadas en las costas de Cojímar y con los pescadores de la zona, ellos decían que nosotros éramos artistas aficionados y proponían que la grabación se hiciese en las islas Azores.
 
“Podrás imaginarte la reacción del viejo, ese hombre no podía aguantar la rabia, tenía un carácter muy fuerte. Dijo que no autorizaba la película sino era producida en Cojímar y con nosotros. Y tuvieron que hacerle caso”.
 
-¿Y tú participaste Ova?
 
“Cómo no, fui uno de los primeros en los que Hemingway confió. Trabajé en ella como seis u ocho meses, eso fue en el 1955, si mal no recuerdo. Junto a otros pescadores estuve pescando primero por las costas y luego por el Golfo, grabando las famosas imágenes de la captura de la aguja. ¡Imagínate que la aguja que sale en la película fue atrapada por nosotros en las inmediaciones de Cojímar! “Todavía después de tanto tiempo a cada rato me siento junto a mi esposa a ver El Viejo y el Mar. Es como si me devolviera todos los recuerdos de mi juventud, de haber conocido a un hombre como Hemingway, de haberme sentido importante”.
 
-¿Por eso usted recuerda a Hemingway con tanto afecto?
 
“Es extraño, lo más probable es que yo no haya representado mucho para Hemingway, porque era solo uno más de tantos pescadores que conocía, pero prefiero recordarlo como el mejor de los amigos”.
 
-Luego de la filmación de la película, ¿qué pasó con Hemingway? ¿Siguió frecuentando Cojímar o solo la visitaba por ese interés profesional?
 
“A Hemingway le gustaba Cojímar. Algunos han dicho que nunca fue capaz de escribir sobre lo que no conocía o quería, yo creo que es cierto. El Viejo y el Mar sirvió para unirnos cada vez más. Cuando terminó la filmación, él quiso celebrar con nosotros, nos dio una fiesta a todos los pescadores en la cervecera Hatuey. Nunca voy a olvidar aquel día. Cuando llegamos, las mesas que el papa había reservado para nosotros estaban ocupadas con unos burguesones de aquel momento. Recuerdo que Hemingway se paró con tremendo carácter y gritó: ¿Qué es esto, un banquete para magnates o para pescadores? Aquello a mí no se me olvida más nunca. Todos aquellos hombres se pararon y se fueron. Entonces el papa dijo: ¡arriba, a sentarse los pescadores!”.
 
-Tengo entendido que ustedes también le entregaron un agradecimiento a Hemingway
 
“Sí, para aquella época ya Hemingway había ganado el premio Nobel de Literatura. Nosotros lo sabíamos y le entregamos una medalla de oro y diamantes comprada por nosotros mismos. Él se emocionó muchísimo. Nos dijo: Esta es la ofrenda más grande que he recibido, la que viene de los pescadores cojimeros».
 
– ¿Qué representó para Cojímar, para los pescadores y para Ova la muerte de Hemingway?
 
“No tendría palabras. Está claro que él representó para nosotros mucho más de lo que nosotros para él. Todavía se siente ese vacío inmenso aquí: La Terraza no es la misma, el muelle mucho menos porque falta El Pilar. Pero de alguna manera se ha sabido enfrentar su ausencia.
 
“El busto que está frente al muelle es mi mejor recuerdo. Esa imagen en bronce fue hecha por nosotros. Fue la manera que encontramos de inmortalizar a Hemingway en Cojímar. Reunimos todo el bronce de nuestras embarcaciones y la llevamos a un amigo para que hiciera la estatua. Luego la colocamos mirando al mar, frente al muelle, para que todo pescador cojimero que naciera tuviera que preguntar por el papa”.

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