La hierba de la amistad

Montevideo.- Una bienvenida al visitante no está completa en Uruguay hasta que prueba la primera ronda de mate, demostración suprema de amistad enraizada en su historia y en la de los vecinos del Cono Sur latinoamericano.

A este corresponsal le tocó a pocos días de su arribo a Montevideo, cuando viejos amigos lo sorprendieron con el más popular ritual uruguayo, convertido con el paso del tiempo en uno de los más importantes símbolos de la cultura nacional.

Muy extendido también en los vecinos Argentina y Paraguay, y regiones de Chile y Bolivia, Uruguay es porcentualmente el mayor consumidor de hierba mate del mundo, por lo que la tradición es considerada un factor de identidad nacional.

«Tras el ademán litúrgico de preparar, cebar y tomar mate, hay una concepción del mundo y de la vida… vence las tendencias aislacionistas del criollo… empareja las clases sociales… y, en todos los tiempos, fue el mate el que hizo la rueda de amigos», aseguró el antropólogo uruguayo Daniel Vidart.

Los uruguayos consumen al año unos 400 millones de litros de la infusión, en numerosas versiones distintas, tanto amarga como endulzada, superando el consumo de todas las marcas de refrescos juntas (unos 290 millones de litros), según fuentes empresariales.

Otras estadísticas sitúan la importación del mate en este país -de poco más de tres millones de habitantes- en 32 millones de kilos al año.

Aunque Uruguay no produce hierba mate, exporta 200 mil kilos anuales a los uruguayos radicados en diversos países, incluida Siria, donde hay una numerosa comunidad de sirios que vivieron en otros tiempos en el Cono Sur latinoamericano.

Objeto de frecuentes polémicas, el origen del mate -en el territorio que hoy ocupan Paraguay y las provincias norteñas de Argentina- fue base de los ritos de los nativos guaraníes, quienes extendieron su consumo a lo que hoy es Uruguay, Brasil y otros países.

Miembros de las comunidades originarias plantaban hierba mate sobre las tumbas de los seres queridos y luego la cosechaban y tomaban en familia para que los espíritus de los allegados pasaran, a través del mate, a sus cuerpos.

Los colonizadores españoles observaron que el consumo del mate por los indígenas les servía de alimento y hasta los fortificaba, por lo cual llegaron a verlo como una amenaza a sus intereses de conquista, a tal punto que la Iglesia prohibió lo que describió como «una hierba del demonio».

No obstante, todo intento de erradicación del mate fracasó rotundamente, como se evidencia en todos los hogares, cafeterías, calles y parques de Uruguay.

Llamada de diversas formas en distintos lugares, la planta Ílex paraguayensis constituye un excelente tónico, diurético y antioxidante, con propiedades benéficas para la salud.

Con efectos similares a los del café, el chocolate o el té, el mate favorece las actividades intelectuales, es un buen antidepresivo y no resulta adictivo. Algunas fuentes aseguran que contiene mucha menos cafeína que el té, el café y el cacao.

Según múltiples estudios científicos, solamente no es recomendable para personas muy ansiosas, que padecen de insomnio o de alguna disfunción renal severa.

Parte del ceremonial de beber mate tiene que ver con los utensilios propios de la ronda, muy similares -aunque modernizados por el mercado– a los de los indios originales. El término «mate» proviene del quechua «matí» (calabaza).

Para sorber la infusión se utiliza una «bombilla» originalmente llamada «tacuarí», en cuyo extremo se colocaba una semilla ahuecada que servía de filtro. Es común ver, en estos tiempos, a muchos uruguayos con un termo de mate preparado bajo el brazo y una bolsita «yerbera» para posteriores «cebadas».

El cebador (o la cebadora) debe llenar con hierba tres cuartas partes de la calabaza, tapar la boca con la mano, virarla boca abajo y agitarla para que las partículas más finas queden en la parte superior y no obstruyan la bombilla.

Luego, vuelve a colocarla boca arriba, le agrega un poco de agua (a 90 grados Celsius) y la deja reposar hasta que la hierba absorba el agua. Por último, debe llenar el recipiente con agua caliente y taparlo unos segundos antes de introducir la bombilla.

Este ritual varía según los gustos y hábitos de cada familia y de acuerdo con la ocasión, produciéndose una gran variedad de formas de «matear», sea en grupo, en pareja o individualmente.

En las más experimentadas rondas de mate, existe un lenguaje de señas común a todos los países del Cono Sur, que distingue cada situación. Por ejemplo, «puentear» a alguien, o «castigarlo durante una vuelta» es considerado ofensa grave. Asimismo, como gesto de rechazo hacia alguien se puede ofrecer el mate con la bombilla apuntando en dirección opuesta a quien lo va a recibir.

Algunas décadas atrás, si una mujer ofrecía a alguien un mate caliente o dulce, solía entenderse que estaba demostrando amor o deseo.

Cuando alguien va a experimentar por primera vez el mate, como por ejemplo este corresponsal, el cebador lo prueba antes para comprobar que no esté demasiado fuerte y tenga el gusto apropiado.

A pesar de los tradicionalistas, en varios países, incluido Uruguay, donde existe un Monumento al Mate (provincia de San José), han avanzado muchas variaciones como «mate de leche», «mate de té» y, últimamente, hasta gaseosas y cervezas de mate.

Todas estas variantes, a pesar de polémicas entre amigos sobre cuál es la más auténtica, reflejan siempre un sentimiento muy íntimo de los uruguayos.

*Corresponsal de Prensa Latina en Uruguay.

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