Este viernes hubo entierros masivos en los cementerios de dos localidades de San Marcos en Guatemala; los cuerpos de más de veinte personas fueron llevados a los camposantos luego del terremoto de 7,2 grados que ocurrió el pasado miércoles.
En la localidad de San Cristóbal Cucho, a 280 kilómetros al oeste de la capital, fue enterrada la familia de diez personas que murió cuando la montaña en la cual trabajaban en la extracción de arena, cedió ante el terremoto y les soterró.
En San Marcos, cabecera departamental ubicada a 252 kilómetros al oeste de la capital, por lo menos cinco mil personas acompañaron por las calles de la pequeña ciudad el recorrido de los féretros de otras diez personas hasta el cementerio municipal.
Berta Castillo volvió de Estados Unidos a su pueblo natal, luego de enterarse que sus dos hermanas y dos sobrinas murieron al desplomarse sobre ellas las paredes de la casa en que habitaban: «Tuve que regresar para enterrarlas, esto es muy doloroso», explicó Castillo, quien también visitó a Engelder, su sobrino quien perdió en el terremoto a su madre, tía y sobrinas y además le amputaron la pierna, porque esta fue destrozada por los escombros.
Marino de León, cuyo hermano falleció durante el movimiento telúrico, recordó que hace tan sólo diez días había visto a su hermano y juntos asistieron a un partido de fútbol. «Esa noche gozamos y disfrutamos como nunca, pero no sabíamos que sería la última», dijo con lágrimas en los ojos.
Según el presidente Otto Pérez Molina, durante el terremoto hubo 42 muertes.
En San Marcos pocos negocios han abierto al público, aún no hay agua potable, en ciertos lugares la racionan y aún hay ausencia de energía eléctrica; los escombros empezaron a ser removidos.
Según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, hay 15 albergues habilitados, en los cuales están 638 personas.
En San Marcos se ve la cara desconsolada de un niño de siete años: Samuel López «Cuando me dijeron que iba hacia el salón municipal pensé que era para una fiesta, y cuando empezaron a sacar las colchonetas le pregunté a mi papá porqué íbamos a dormir allí; me dijo que ya no teníamos casa y que el temblor se la había llevado», expresó el niño.
«No sabemos que haremos de ahora en adelante, ojalá el Gobierno nos ayude», expresó Mauricio López, padre de Samuel.
