Economía francesa bajo la sombra de la austeridad

París.- Las proyecciones de la Comisión Europea para la economía francesa ratificaron lo que ya era un secreto a voces: el país se verá imposibilitado de alcanzar sus metas de crecimiento y equilibrio fiscal como había prometido el gobierno.

Si bien varios funcionarios lo venían señalando aquí de una u otra manera, las cifras reveladas en Bruselas significan un duro revés económico y político para el Palacio del Elíseo.

En primer término, la caída del 0,8 al 0,1 por ciento del alza en el Producto Interno Bruto (PIB) obligará a hacer un esfuerzo mayor en la utilización de los fondos públicos, en un presupuesto considerado como el más restrictivo desde la II Guerra Mundial.

Según los especialistas, por cada décima de punto menos en la previsión del crecimiento, el gobierno galo debe obtener de alguna manera mil millones de euros adicionales para mantener el equilibrio de sus cuentas.

Esto significa que a los 30 mil millones de austeridad aplicados por el Estado en 2013, habrá que sumar otros siete mil millones, ya sea por la vía de recortar gastos o por el aumento de impuestos para elevar los ingresos.

Hasta ahora tanto el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, como el mismo presidente, François Hollande, tratan de tranquilizar a la población, y aseguran que no se prepara un nuevo paquete de ajuste.

Sin embargo, como reconoció el titular de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, todas las familias saben que cuando las cuentas no cuadran porque los ingresos son insuficientes, la única alternativa es hacer ahorros.

Más allá de las cuestiones económicas, de por sí muy graves, existen implicaciones políticas que el gobierno no puede ignorar.

En las elecciones presidenciales de abril y mayo de 2012, buena parte del voto para Hollande y el Partido Socialista provino de sectores descontentos con los ajustes impuestos por su predecesor, Nicolás Sarkozy, quien aumentó tributos, congeló salarios y redujo subsidios para vivienda, salud y educación.

Menos de un año después, la desilusión comienza a ser patente entre esta parte de la población, como lo demuestran las bajas encuestas de popularidad del presidente y su primer ministro, muy pobres para un gobierno en sus primeros meses de funciones.

El caso es que falta casi un año para los comicios municipales de marzo de 2014, donde estarán en juego todos los gobiernos locales, incluidos algunos realmente estratégicos, como son los de París y otras ciudades importantes, entre ellas Lille, Marsella, Lyon, Toulouse y Niza.

Poco después, en junio, son los comicios para el Parlamento Europeo, un organismo con un protagonismo creciente en el contexto de la región y cuyas decisiones ya tienen carácter obligatorio en varios temas, entre ellos el presupuesto del bloque continental.

Como se ve, el gobierno debe ser extremadamente cauteloso a la hora de tomar decisiones que puedan afectar a la población, poco predispuesta a aceptar nuevos programas de ajuste o mayores cargas tributarias.

Por otra parte, la Comisión Europea pronostica un déficit fiscal de 3,7 por ciento del PIB, siete décimas por encima de lo prometido por Hollande durante la campaña electoral, y de lo aceptado en los tratados europeos de austeridad presupuestaria.

Un déficit mayor causa necesariamente un crecimiento de la deuda pública cuya proporción, según Bruselas, será del 93,4 por ciento del PIB a finales de 2013.

Francia incumplirá así los dos parámetros fundamentales de esos tratados, firmados y ratificados el año pasado. Según los acuerdos, los países de la zona euro no pueden tener un déficit mayor a los tres puntos y la deuda debe permanecer por debajo del 60 por ciento del PIB.

Los incumplidores están expuestos a recibir sanciones económicas automáticas, pero además sus cuentas pueden ser inspeccionadas por Bruselas, en desmedro de su soberanía.

Francia escapará a este castigo en 2013 porque la Comisión decidió otorgarle un año más de plazo para equilibrar sus finanzas, pero a cambio le exige aplicar más medidas de rigor.

Las preocupaciones en el Palacio del Elíseo aumentan porque los datos publicados por el comisario europeo para asuntos económicos y monetarios, Olli Rehn, afectan también a otros objetivos clave del programa económico gubernamental.

Uno de ellos se refiere al combate contra el desempleo, ubicado en la actualidad en 10,3 por ciento de la población en edad laboral, es decir más de tres millones 100 mil personas.

Hollande reconoció que el paro seguirá creciendo durante varios meses, pero ofreció comenzar a revertir la curva ascendente a finales de 2013.

La comisión, no obstante, negó esta posibilidad y dijo que el desempleo crecerá hasta el 10,7 por ciento este año y el próximo será de 11 puntos.

Corresponde ahora al ejecutivo galo hacer las correcciones necesarias en sus perspectivas y adecuarlas lo más posible a la realidad, antes de presentarlas a la Asamblea Nacional y el Senado.

¿Cómo hacerlo, sin recurrir a más programas de ajuste? Esa será la ecuación que los expertos del Ministerio de Economía y Finanzas deben resolver.

Los riesgos son grandes y, como advirtió el ex candidato presidencial del Frente de Izquierda Jean-Luc Mélenchon, el gobierno podría quedar atrapado «en las arenas movedizas de la austeridad sin fin».

*Corresponsal de Prensa Latina en Francia.

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