En 2012, el bueno de Jules Bianchi perdía el título de la Fórmula Renault 3.5 en la última carrera y en un mano a mano con su rival por el campeonato, Robin Frijns. La cara del francés al bajarse de su monoplaza era desoladora; se le iba la oportunidad de coronarse en un certamen de relevancia internacional y 2013 le esperaba, aún sin un acuerdo firmado.
Su andadura en los test de jóvenes pilotos con Force India le sitúo, rápidamente, en la órbita del equipo de Vijay Mallya, cuando estos anunciaron que Hülkenberg se iba a Sauber. Pero el invierno pasaba y Jules no conseguía llegar a un acuerdo con sus patrocinadores para que le facilitasen el desembarco en el ‘Gran Circo’. Ferrari, a cuyo programa de jóvenes pilotos pertenece el galo, intentó influir en la decisión de Force India, llegando a poner en la mesa sus motores para 2014, pero un tal Sutil, con el apoyo de Mercedes por detrás, le arrebató el asiento al joven francés.
Las esperanzas de Jules Bianchi se limitaban a continuar como reserva de Force India y a trabajar en Maranello en el simulador de los italianos y en la escuela de jóvenes promesas. Pero los patrocinadores de Luiz Razia le dejaban en la estacada al llegar los últimos test de pretemporada en Montmeló y el manager de Bianchi, Nicolas Todt, se lanzaba a dar todo por el último sitio disponible en la parrilla de cara a esta temporada.
El acuerdo se produjo a espaldas de todos nosotros, en una reunión de personal de Ferrari, Jules Bianchi y miembros de Marussia F1 Team. La salida de estos últimos del hospitality de los italianos con varias bolsas con el nombre del francés estampado, era más que elocuente. Minutos después, el equipo de John Booth hacía oficial lo que planeaba por el paddock durante aquella mañana de marzo en Montmeló.
Tras completar su segundo Gran Premio con Marussia, Jules Bianchi está comenzando a dejar un poso en la Fórmula 1. Un poso que hace recordar al que Fernando Alonso dejó, allá por 2001, con la ‘Cenicienta’ de la parrilla en aquel momento, Minardi. El asturiano consiguió un 10º puesto como mejor resultado, sobre el trazado de Hockenheim, el antiguo, durante aquella temporada en la que solo puntuaban los seis primeros pilotos en ver la bandera a cuadros.
Jules Bianchi va camino de algo parecido. Si bien es pronto para afirmar algo tan radical como que llegará al mismo lugar que ocupa el asturiano a día de hoy en el automovilismo mundial, el piloto francés está impresionando con su pilotaje maduro, sereno y sabedor de que el MR02 tiene todas las limitaciones posibles, excepto la de su valor y coraje.
Marussia es la misma ‘Cenicienta’ que en su día fue Minardi. Pero el piloto galo está consiguiendo exprimir al monoplaza ruso a nos máximos no esperado ni siquiera por la propia escudería. En su duelo particular con Max Chilton, Bianchi tiene ganada la partida y con creces; aunque la temporada es larga y esto pudiera revertirse, no parece que vaya a suceder. Jules Bianchi, al igual que Fernando Alonso en su día, está caracterizándose por su perfil bajo, su sonrisa tímida y su mirada segura y limpia fuera de la pista.
Hay algunas cosas que aprender de hoy y del fin de semana en general, pero hemos hecho grandes progresos desde Melbourne y necesitamos seguir apretando.
Ha sido genial luchar con Maldonado y mantener la diferencia con él durante tanto tiempo. Esto demuestra que tenemos el coche para luchar con ellos en el futuro.
La ilusión de comenzar todo un futuro de éxitos se trasluce en sus gestos. Su media sonrisa y su andar juvenil denotan esas ganas de impresionar, de contentar a los que lo rodean y de ganarse el respeto de los de arriba. Jules Bianchi está destinado a llegar lejos en este mundillo de ‘conspiraciones’, derechos de imagen, intereses y tecnología. La comparación con aquel Alonso que impresionó a muchos en Minardi es inevitable; el color negro y el blanco también lucen en el MR02 del francés y ese brillo ganador…traspasa la visera.
