Meditabundo: Facetas dominicanas

La situación de la vida real, de interés que conmueve por sus daños, nos impulsa por rumbos diversos donde observamos hechos que se presentan con mala facha. El más común de los lavadores de dineros, es mimado y protegido. Este está situado en el más bajo escalón de la sociedad. Es ladrón contra todos, vive en contra de lo natural, las buenas costumbres de los mayores.

Demuestra ser lodo amasado con millones de pesos chupados al erario. Su avaricia no conoce límites, actúa de la manera más agradable para él, aunque, al mismo tiempo fuese el más insufrible para los demás. Merece en ese momento de gloria como maldito en la historia dominicana. Se ufana de obras urbanas, que le dejan gran beneficio, mientras los “hijos de machepa” diezman por el hambre. Aplica con los impuestos la frase de Tiberio Julio César, amo del gran imperio romano en la época que fue crucificado Jesús de Nazaret. “A las ovejas se les puede esquilar pero no despellejar”. Es la insinuación de dejarlas vivas para seguir abusando, quitándole lo que produce.

El corrupto lava millones de pesos en negocios, fincas, villas, etc… Cuando es denunciado, en su paz de impunidad, dice: es una persecución política. Pero, los informes de la Cámara de Cuentas muestran “irregularidades” millonarias. Y duermen el sueño eterno debido a que el defensor de la sociedad aplica la sabiduría de los tres monos sabios: no oye, no ve, y no habla.

El lavado de dinero obtenido con el peculado se comete el grave delito de saquear el dinero procedente de los impuestos que crean la mala calidad de vida del dominicano. Nos preguntamos ¿Dónde está la evidencia de hacer feliz al ciudadano? Esa visión solo está en el olvidado Decálogo Duartiano.

El otro lavador es el del dinero procedente del negocio de las drogas. Este es perseguido y enjuiciado. La sociedad está frente a dos delincuentes. Pero el que pertenece a la corporación llamada partido político, es considerado un honorable. La mal llamada justicia, que no tiene venda, de mirada selectiva no aplica la sentencia “tratar igual a los iguales”.

Una sociedad con tantos atrasos en la educación vive en un sistema sustentado por los hombres no por las leyes, el principio de igualdad no se aplica. Solo la educación moral y cívica encamina hacia el camino del dominio de las leyes y no los intereses mezquinos.

El que nace y es criado en el seno de una sociedad sin valores morales donde se trata a la gente por la riqueza que posee y no por lo que es, se recibe de ésta los hechos, sentimientos, las ideas, el carácter, los hábitos y costumbres que seguirá durante todo su tránsito terrenal.

Nuestro invitado de hoy: Jaime Balmes: “La educación es a la persona lo que el molde al barro, le da la forma”.

* El autor es vicealmirante retirado de la Marina de Guerra

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