Se tomaría todo este espacio y mucho mas, el enumerar y describir como se encuentran cientos, tal vez miles de lugares en el mundo, que son hoy pueblos fantasmas donde no hay o hay escasa manifestación de vida, gracias a la indiscriminada explotación minera abierta o de cualquier forma.
De eso se trata con el asunto de Loma Miranda, Bahía de las Águilas, o Sierra de Bahoruco. El caso es que dado que la República Dominicana es apenas un poco más de la mitad de la isla de la Española es mucho más grave, porque retrata ahora con mayor crudeza como puede quedar atrapado un país que necesita urgentemente de recursos para desarrollarse entre dos fuerzas destructoras como el “el capitalismo salvaje” y la “semi-salvaje sociedad” que no temo en decirlo, somos buena parte la propia República Dominicana.
Solo hay que ver lo que ha hecho de China, el primero. Un estercolero que apenas parecen haberse dado cuenta los dirigentes de esa nación, que tienen que enfrentar o no podrán “disfrutar” de los logros de su avasallante progreso material.
De lo segundo todos los dominicanos somos testigos a diario de lo que hacemos en nuestras calles, carreteras, playas y balnearios. Son verdaderos vertederos porque ricos y pobres, educados o no todos arrojamos basura a troche y moche sin que sintamos la mas mínima molestia por el daño que le hacemos a diario a nuestro ambiente.
Todo esto pudiera empezar a cambiar en esta oportunidad con relativo éxito, si montado en esta campaña mediática y real, los dominicanos hiciéramos consciencia de lo que nos espera ahí a la vuelta de la esquina, si permitimos que Loma Miranda, o cualquiera de nuestras contadas reservas naturales, sea convertida en un hoyo infectado de contaminación por donde quiera amen de la destrucción total de su entorno natural, y si seguimos por otro lado los dominicanos, con la cultura de la indisciplina, la indiferencia y la indolencia ante la contaminación ambiental a la que todos contribuimos consciente o inconscientemente todos los días.
Preservar Loma Miranda o cualquier otra potencial explotación minera en este momento, es dejarle alguna herencia de lo que ha sido la República Dominicana a las generaciones futuras, porque después de todo, quienes defendemos esto y quienes abogan porque se exploten ahora esos recursos, al cabo de 50 o cien años venideros, todos estaremos muertos.
Entonces, es ahora o nunca cuando debemos lograr preservar a Loma Miranda y convertirla en lo que son otras zonas naturales del mundo, en verdaderos parques nacionales en los que con el denominado eco-turismo se cobre por todo lo que allí se pueda disfrutar, como se hace con aparente beneficio, para ayudar a conservar algo que recibimos gratuitamente y que no tenemos el derecho de impedir que las futuras generaciones disfruten también de ellas como nosotros lo hacemos en la actualidad, aunque sea a nombre del progreso del “capitalismo salvaje” o nuestra bien nutrida semisalvaje sociedad.
