Desesperanza golpea madre en La Barquita

La pobreza extrema se manifiesta en la joven Bestina Díaz, con apenas 25 años, madre de tres niños, quien habita en una destartalada casita de zinc, ubicada en un callejón húmedo y rodeado de desperdicios, a escasos metros de la margen occidental del río Ozama, en el barrio La Barquita, Santo Domingo Este.
 
Bestina pide al Señor cada día que no llueva, pues su precario rancho, donde reside desde hace 13 años entre hojalatas, se anega con simples chubascos. La barraca consta de una pequeña cocina, habitación y el baño está en el patio.
 
Para esta dama la vida no ha sido fácil. Cuenta que sobrevive por la caridad de sus hermanos y su madre, quienes le envían desde Neyba “unos chelitos”, los cuales debe estirar para suplir algunas necesidades de alimentación de sus vástagos, hasta tanto mejore el entorno…
 
Lo poco que tiene ha sido a costa de trabajo y esfuerzo, pues el padre de sus hijos, si así se le puede llamar, no se hizo responsable de su manutención, por lo cual debe “bandeársela” sola para sacarlos adelante.
 
Hace unos años trabajaba como doméstica; pero, la despidieron debido que en ocasiones tenía que ausentarse por obligaciones propias del hogar. Con los recursos económicos que pudo ahorrar compró la casita donde reside en la actualidad, por la cual pagó RD$7,000, en un lugar totalmente vulnerable.
 
De acuerdo al relato de la mujer imaginó que su pesadilla terminaría cuando el presidente Danilo Medina visitó la barriada y anunció un plan de desalojo y traslado para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la zona: “Pero la felicidad del pobre dura poco y la realidad es otra; lo cierto es que no se ha presentado ninguna autoridad a explicar en qué consiste el método”.
 
La proximidad de los días lluviosos hace que el apuro de esta familia sea cada vez mayor; pues la condición es más dramática y cuando llega la noche es lo más inquietante. La preocupación no la deja dormir, solo piensa que el agua entrará inexorablemente en su humilde casita y que tendrán que ser trasladados a un refugio, mientras la furia del acuífero vuelve a su nivel y luego de eso “a sacar el lodo, que está en todas partes”.
 
Aunque los albergues son su tabla de salvación, le resulta una pesadilla la escena de los pequeños, amontonados, durmiendo en colchones tirados en el piso.
 
Las penurias no terminan cuando pasan los aguaceros, como si vivir más de una semana en un refugio y con gente desconocida fuera poco, todo se agrava con los brotes de enfermedades registradas en la empobrecida barriada.
 
Medición de la pobreza
 
En los últimos años, en República Dominicana las instituciones nacionales que examinan el tema de la pobreza se han encaminado a establecer una línea oficial que exprese la realidad nacional y permita la comparación con otros países.
 
Pero, existían divergencias en cuanto a las normas para medirla, pues las diferencias metodológicas no admiten el cotejo nacional ni internacional.
 
Bestina Díaz entiende poco de estadísticas y de que su grupo familiar se clasifica en situación de pobreza extrema, según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), pero sí sabe de carencias y necesidades.
 
Esta madre soltera alberga la esperanza de poder vivir junto a sus hijitos la casa que le prometieron y clama a Dios que la proteja y que el Presidente de la República haga valer sus palabras y de la orden a fin de que el sector La Barquita sea reubicado lo antes posible.
 
Recuadro I
 
La pobreza es una situación o forma de vida que surge como producto de la imposibilidad de acceso o carencia de los recursos, a fin de satisfacer las necesidades físicas y psíquicas básicas humanas, que inciden en un desgaste del nivel y calidad de vida de las personas, tales como la alimentación, la vivienda, la educación, la asistencia sanitaria o el acceso al agua potable.

Compartir esta publicación:

WhatsApp
Facebook
X
LinkedIn
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *