Estado del Estado

La proclamada Reforma y Modernización del Estado se ha quedado a mitad del camino, porque aunque la Constitución del 2010 realizó notables avances, sobre todo, con el cambio de nombre de Secretaría de Estado por el de Ministerio, en el fondo el cuerpo estatal sigue siendo el mismo: clientelismo, despilfarro, infuncionalidad y desacierto.
 
El país crece y se multiplica en población, demandando a la vez instituciones públicas eficientes y capaces de dar respuestas a las necesidades básicas del pueblo. ¿Cuál es la situación o estado del Estado dominicano? ¿Cómo podemos disponer de un instrumento gerencial de la más excelsa calidad para obtener óptimos resultados? Estas interrogantes son compuertas que abren corrientes de ideas.
 
La gran maquinaria estatal presenta evidentes contrastes, además de que en muchas áreas de sus organismos se aprecia vejez y atraso que lo distancian de los objetivos esenciales que deben ser alcanzados. En otra dimensión resalta la modernidad, la juventud y lozanía.
 
El Estado no se transforma, pues lo que opera cada 4 años es un simple cambio de gobierno, es decir, un movimiento de las piezas del ajedrez político sin resultados fundamentales. Se aprecia un crecimiento alocado de la estructura estatal, como si para cada actividad social fuera necesario crear un Ministerio, no obstante, funciones de importancia trascendental no encuentran cabida en la inmensa nave del Estado. Cómo explicar el hecho de que todavía carecemos de los ministerios de Energía, Transporte, Justicia, Seguridad, etc. No obstante, parece inconcebible que nos demos el lujo de tener ministerio de Juventud, Turismo, Educación Superior, entre otros.
 
Si el mundo evoluciona a la velocidad del pensamiento esos nuevos rumbos deben reflejarse en la estructura gubernamental. Un Estado eficaz y eficiente ahorra recursos económicos. Una gerencia estatal al nivel más óptimo proyecta una labor con calidad total, sin que se malgaste el dinero en asuntos de poca importancia.
 
Es necesario establecer un Estado piramidal con categorías o estructuras en orden descendente, es decir, ministerios, gabinetes, direcciones generales, oficinas, agencias, despachos, asesorías, institutos y centros. Así, se importantizan por renglones las funciones públicas numerando la categoría de cada una de ellas. Con esta modalidad se le pone fin a la repetición de entidades que realizan las mismas funciones y de igual modo queda establecida la escalera en el ascenso en base al mérito y al tiempo de servicio en la administración pública.
 
Lo que estamos proponiendo es una nueva Ley de Organización de la Administración Pública, reagrupando los ministerios, por ejemplo, es inconcebible la existencia del ministerio de la juventud separado de la niñez, la tercera edad y la vejez.
 
El Estado dominicano visto desde la mesa gubernamental tiene una elevada nómina de ministerios. Si comparamos nuestro gabinete con cualquiera de los países con mayor población del mundo, encontramos que el de aquí es uno de los más numeroso, incluso superior al del presidente Obama. Algunos ministerios dominicanos son en Estados Unidos simples oficinas consultoras del Poder Ejecutivo. Mientras en USA existen los departamentos de Energía, Transporte y Justicia, en República Dominicana esos ministerios no han sido creados.
 
Otro aspecto, es que el funcionamiento gerencial del gabinete es muy cuestionable. El Consejo de Gobierno apenas tiene una mención en la Constitución del 2010, pero no posee una ley orgánica que le de vida propia, como sucede con los nuevos organismos constitucionales creados. El gabinete, por negativa tradición, tan solo se reúne en situaciones extremas, no como algo común y normal como acontece en Europa, con casi todos los gobiernos. En Francia, por ejemplo, la reunión del Consejo de Ministros es semanal.
 
Parece increíble, pero la gran maquinaria estatal debe manejarse con mayor eficacia, porque en definitiva, en el estado del Estado lo que importa son los resultados.

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