De todas las cosas importantes que acontecieron en la apertura del congreso del PLD, el pasado domingo 14 de julio, nos llamó significativamente la atención, el hecho de que nueva vez el presidente de esa organización, el Dr. Leonel Fernández Reyna, volvió a referirse casi al final de su intervención, a la importancia que tiene el convertir a esa fuerza política en una fábrica de presidentes y que para lograrlo es necesario salir fortalecidos de su congreso.
Ya anteriormente, hace aproximadamente 4 meses, frente a una multitud de seguidores de su partido, el expresidente de la república había significado la importancia de construir el futuro político de esa organización, y que para lograrlo se hacía necesaria su trasformación mediante lo que en ese momento denomino: “Una reingeniería estructural”, que permitiera la renovación del partido y a su vez lo colocara en condiciones de seguir ganando elecciones.
Leonel Fernández, ha vuelto a lanzar su proclama de renovación, la cual recibió un estruendoso respaldo de los presentes en el salón, con lo que quedaría sellada la reafirmación de un compromiso de promover una transformación que convierta al PLD, en esa fábrica de presidentes que anhelamos todos.
Aunque para iniciar un proceso institucional, en el que se puedan escoger a quienes deberán relevar en sus tareas a los que han ostentando el poder, tienen que crearse las condiciones y los mecanismos que permitan definir el concepto ”alternabilidad”. Con el cual, estaríamos interpretando la propuesta del presidente del PLD, sobre la creación de una fábrica de presidentes, que le permita a esa organización sucederse a sí misma en el poder.
“La alternabilidad en el ejercicio del poder político es uno de los principios fundamentales de la democracia, y se traduce en la posibilidad real y efectiva de que quienes ocupan cargos de elección popular cambien periódicamente, a través de procesos electorales limpios y transparentes, organizados por autoridades independientes e imparciales”.
Entonces, como bien lo dijera el expresidente Leonel Fernández, en el acto de conmemoración de los 50 años de la llegada al poder del Prof. Juan Bosch, frente a la explanada frontal del Panteón Nacional. Y luego, en el acto de apertura del octavo congreso de su partido, de que en lo adelante:
“Esa organización, se abocaría a convertirse en una fábrica de presidentes, para gobernar al país por los próximos 20 años”.
Por lo que estaríamos ante la presencia de quien en su rol de presidente de la organización, que lo obliga a convertirse en un árbitro del proceso. Así como del principal promotor de esa iniciativa, que lo apuntala en la defensa de su propuesta. Deberá asumir todo el compromiso que impone un nuevo panorama a lo interno de la organización morada.
Coligiendo de su planteamiento un sentimiento de alternabilidad democrática, que permita la materialización de esas expresiones. Bajo el entendido de que si se pretende convertir al partido, en una fábrica de presidentes, lo ideal, lo correcto, así como lo propio, sería empezar a predicar con el ejemplo.
Deponiendo apetencias particulares y permitiendo la promoción de nuevas figuras, sin que medien tratativas de confabulaciones o desplantes que pudieran hacer abortar el desarrollo del proceso de sucesión.
Ya que no es lo mismo, una fábrica de presidentes que una fábrica de candidatos, los cuales, podrían correr el riesgo de terminar postrados entre las fauces del poder que los promueve. Doblegados por la apetencia de quienes alientan democracia participativa, y luego pudieran terminar aplicando imposición colectiva.
La consumación del propósito de conversión del PLD, en una fábrica de presidentes, deberá imponerse mediante un principio de desprendimiento en sí mismo, que permita el surgimiento de nuevas posibilidades dentro del seno de la organización, y que arrastre en ese propósito a todos los sectores que comulguen con esa intención.
Que no solo se cuente con el respaldo del promotor de esa iniciativa, sino también, con todo el andamiaje político, en cuyas acciones deberán establecerse reglas que permitan la convivencia en un ambiente de pluralidad y respeto.
El PLD, es una organización que bien pudiera perdurar 20 años más en el poder, solo que para lograr ese ambicioso proyecto, tendría que abocarse a una profunda y depurada reconversión de los ejes programáticos que rigen la vida interna de la organización.
Promoviendo en su doctrina, la democratización horizontal de su liderazgo y convirtiéndolo en un ejercicio plural, donde la aplicación del poder no se imponga como regla de excepción entre sus iguales.
El partido morado con la estrella amarilla, cuenta con una extraordinaria matricula de presidenciables, formados bajo el recio manto de la doctrina boschista, e investidos por el favorable afecto de la población.
Estas condiciones permitirían exitosamente implementar un proceso abierto de sucesión, dentro de un esquema de construcción de la fábrica de presidentes, que aspiramos en el futuro.
