No todos pueden imaginar lo que sienten un padre y una madre, cuando con su niño en brazos, esperan desesperados atención médica urgente ante un estado febril que se intensifica y, encima, se sufre la impotencia de no poder hacer absolutamente nada.
Narro esto en primera persona, pues como periodista y ciudadano de este país, intento siempre procurar que mis experiencias negativas no trasciendan a la mayoría de esas familias que como yo, necesitan un sistema de salud más humano y eficiente: fue el pasado sábado 27, cuando mi esposa y yo amanecimos con nuestro hijo Ramsés, de apenas 8 meses, con una temperatura que alcanzaba casi los 39 centígrados.
Ni hablar de la desesperación mientras recorríamos varios hospitales de la capital, en los cuales nos informaban que no existía guardia de Pediatría los fines de semana, entre ellos el Santo Socorro de Cristo Rey y donde nació mi hijo y ven la luz primera decenas de criaturas cada día: la Maternidad de la Mujer Dominicana del Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), que para desgracia nuestra, tampoco brinda atención de emergencia en tales momentos.
Continúa el calvario
Aun sin haber recibido atención alguna, una joven médica aconsejó que fuéramos urgente, debido al cuadro que seguía presentando Ramsés, al Hospital Infantil Robert Read Cabral, conocido como el Angelita. Pero, para mí sorpresa, al entrar a la sala de emergencias, informaron que las consultas se iniciaban a partir de las 8:30 de la mañana y aún restaban unos veinte minutos; en tanto esperaban ansiosas en el vestíbulo unas catorce personas con sus vástagos enfermos.
El tiempo pasaba implacable, pero lento, como suele suceder en situaciones así y la emergencia del Robert Read Cabral se saturaba, cada vez más, con niños y niñas, algunos procedentes de distintas partes del país, en condiciones críticas de salud con similares síntomas de fiebre alta y gripe aguda.
La consulta comenzó tarde, y a las 11:00 de la mañana, mientras las madres humedecían constantemente las frentes de sus hijos con toallas húmedas e intentaban hidratarlos con agua, mi paciencia estalló junto a la de otros padres, porque la lentitud en el servicio era desesperante.
Hubo parejas que decidieron abandonar el centro asistencial; en tanto que otros demandamos agilidad en el proceso y comenzamos a convocar a diferentes medios de comunicación para que las autoridades del centro infantil, y el ministro de Salud Pública, respondieran ante la negligencia existente los fines de semanas.
Con la llegada de periodistas, arribaron también otros doctores de diferentes áreas, que extendieron las atenciones en la misma sala de espera y, finalmente, mi Ramsés y otros pequeños pacientes fueron evaluados: por suerte, no era dengue en mi caso, pero otros no tuvieron igual diagnóstico.
El pasado jueves, en el Robert Read Cabral falleció la niña Yéssica Frías, de 11 años, a causa de dengue hemorrágico, y en el país se ha lamentado, desde inicios del actual año la muerte de por lo menos 34 personas, mientras que unos 4,806 pacientes han presentado la enfermedad, lo que equivale a un porciento considerado mayor que los registrados en 2012, para esta fecha.
Es triste y lamentable que en instalaciones sanitarias tan importantes del Estado como los hospitales antes mencionados, los especialistas médicos sólo trabajen de lunes a viernes y que sábado, domingo y días feriados “suelten en banda”, a la población, sobre todo en estos tiempos en los cuales el país se halla bajo amenaza por brotes de dengue y otras epidemias.
