Vergüenza ante el mundo

Son los dueños absolutos de las calles. No hay ley que los someta. No hay autoridad que los controle. No pagan impuestos. No pagan revista. No pagan nada. No respetan ni al  pasajero que sale o entra, que sube o baja. Ensucian todo. Arrabalizan todo. Nunca pierden. Siempre ganan. Son inmunes al pudor. Son feroces. Son subsidiados con dinero nuestro.  Se les protege. Se les teme. Tienen más poder que todos los gobiernos. Irrespetan sistemáticamente toda norma de decencia pública. Son nuestra peor vergüenza ante el mundo… (Si, esos mismos: los “humildes trabajadores del volante”).

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