Danilo y La Silla

Me parece que  en el Palacio Nacional ya no hay quien afane con La Silla… La Silla…La Silla, que tenía un vehículo para ser transportada, dos guardias para ser cuidada, dos para ser subida y bajada y más guardias para ver que sólo aquel máximo jefe tribal (que nadie sabe cómo en la mundana y pobre Villa Juana pudo enfermar de tan neurótica obsesión) posara en ella sus mortales nalgas, sin importar a dónde se le antojara ir. (En fin, creo que otro mérito de Danilo Medina es que le importa un carajo La Silla…La Silla…La maldita Silla).

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