No existe sensación más increíble que la de obtener los resultados deseados. La satisfacción, felicidad, y el logro personal, son definitivamente la mejor recompensa. El éxito siempre tiene un sabor delicioso.
Después de prepararte, organizar y esperar, llega el momento anticipado, el instante que puede convertir tu trabajo en un triunfo; sin embargo lo único que escuchas son palabras como: No te preocupes la próxima será la buena, ten fe, recuerda que ya te llegara lo que buscas, no te desesperes, quizá esto no era para ti…
Tu por el otro lado te sientes defraudado, triste quizá hasta las esperanzas has perdido, sientes que lo que pudo ser un momento espectacular, se convirtió simplemente en un acto gris, invisible y en ocasiones hasta en una catástrofe, una memoria amaga con un mal sabor.
En realidad, todo radica en la actitud que elijas en la historia que quieras recordar y en las acciones que se realicen a partir de lo que te sucede. La elección siempre es tuya aun cuando no lo parezca.
Pero, ¿qué haces cuando lo que esperabas no sale según tus planes, cuando sientes que tu trabajo no es valorado, cuando tu esfuerzo pasa desapercibido y en muchos casos sientes que hay una conspiración en tu contra?
David estaba listo para su primer debut oficial como concertista de chelo. Tras muchas horas de práctica, mucho esfuerzo y hasta grandes sacrificios familiares, todo estaba listo para e gran día. El traje heredado y arreglado, el instrumento rentado, la emoción y finalmente la esperanza de que el trabajo seria finalmente reconocido y quizá la suerte le mejorara, todo junto en un saco cargado de sentimientos encontrados, felicidad, miedo anticipación nervios, gratitud…
Cuando David llego al teatro, saco su gran chelo de su funda y lo comenzó a afinar, una rutina que ya tenía bien establecida. En el momento que comenzó a ajustar la cuerdas una repentinamente se rompió. Sin perder la calma, busco otra cuerda. Como es de esperarse, en esta ocasión no había traído un de respuesto.
Curiosamente, la maestra no había llegado y nadie tenía otra cuerda para el instrumento. David no se preocupó mucho y dijo, “También sé tocar con una cuerda menos. No pasa nada. En el momento que volteó a ajustar su asiento, el chelo se le resbalo de las manos y, sin querer, se cayó y se rompió. (Sigue…)
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