Los pueblos, como las personas, tienen ilusiones de progreso. Muchas veces hay quienes aprenden a idealizar no por ellos mismos sino por su país, ponen el interés de su nación en primer plano y solo luchan por engrandecer el destino de su patria: Duarte, Sánchez, Luperón, Manolo, Caamaño, Bosch, Peña. Ellos fueron sembradores de esperanzas proyectaron en sus quehaceres y discursos políticos un porvenir de prosperidad fundamentado en el trabajo y el esfuerzo de todos.
Esos líderes nos enseñaron a soñar. Sin embargo, hoy se evaporan tales ensueños por el golpe duro de esta realidad de estrecheces y dificultades materiales que parecen un castigo sin fin, porque los gobiernos pasan y esas penas perduran como plagas, por lo que con disgusto nos preguntarnos: ¿Qué fue de nuestros sueños?
Jesús Quintero es periodista, director y presentador de programas de radio y televisión en España, él también se hace esa interrogante y reflexiona de esta brillante manera: “Antes decíamos, cuando lleguemos nosotros todo va a ser distinto. Vamos a poner al hombre en su lugar y a la vida en su sitio. Vamos a traer la transparencia y la honradez, la libertad y la justicia para todos ¿Qué fue de nuestros sueños? Tan equivocados estábamos que hemos tenido que corregirlo todo, que negarlo. O es ahora cuando nos equivocamos, cuando anteponemos los beneficios a los principios, el pragmatismo al humanismo, la economía a la vida, qué pasa. Si tenemos razón por qué andamos tan tristes, por qué todo es tan negro. Por qué no nos convencen en lo más íntimo esta absurda manera de vivir que no es vivir. En el fondo sabemos que nos hemos vendido muy baratos. En el fondo sabemos –y nos duele- que nuestros sueños valían más que esto”.
¿Qué se pudo cambiar en la sociedad dominicana en los 20 años de Balaguer? ¿Qué debió superarse en los tres gobiernos del PRD y en término de metas significativas qué se logró en los 12 años de Leonel? En suma son 44 años de gobiernos en democracia y los dominicanos continuamos con problemas que parecen sin solución. Se ha transformado la sociedad para bien o para mal. ¿Qué podemos exhibir como una conquista digna del ejemplo universal?
Pregunto de nuevo, ¿es República Dominicana un país que ha o no progresado? Quienes respondan que sí entonces inquiero, ¿qué es el progreso?, porque cómo explicar el fenómeno de los apagones, el desorden del transporte, las malas condiciones en escuelas y hospitales, las debilidades de la Policía Nacional, la corrupción sin castigo, las drogas, la delincuencia y la inseguridad de ciudadanos y ciudadanas.
Se me dirá que en otras naciones es lo mismo y que si comparamos a República Dominicana con muchos países el nuestro es un Nueva York chiquito. Y para colmo se argumentará que nuestra economía es envidiable y que nuestro crecimiento es uno de los más altos de la región, y así se darán números y más números hasta marearnos.
Pero basta con aproximarnos un segundo a la ventana y entre la guagua anunciadora y el motorista sin mofler se llevaran al olvido todas estas estadísticas engañadoras. En verdad parecen dos República Dominicana diferentes, una la de los políticos y la otra la de los desconfiados como yo.
No ha faltado un presidente que no haya anunciado el fin de los apagones y el mal nos sacude de día y de noche. Quiénes no han proclamado una ciudad sin basura y es todo lo contrario. En mi pueblo tienen casi medio siglo hablando de la necesidad de un nuevo mercado, el cual ya se construyó y “ahora es que falta mambo”.
Todo aquí es un desastre: calles como siempre con hoyos, aceras tomadas como parqueo, vías públicas sin alumbrado, zonas verdes robadas para residencias privadas, ríos secados por depredadores. Son los mismos problemas de siempre, se podría tomar un periódico de hace varias décadas y los titulares no han cambiado. Pero ya tenemos 44 años en democracia, cuántos miles de millones se han gastado y las quejas continúan: que no hay agua, que el camino vecinal está intransitable, que no existen espacios para los jóvenes practicar deportes, que los salarios son bajos y que el costo de los medicamentos son inalcanzables. ¿Qué ha pasado? ¿Qué fue de nuestros sueños?
