Pese a su alto potencial agrícola y los grandes aportes al Producto Interno Bruto (PIB), mediante la producción de miles de quintales de arroz y otros rubros, así como estar bordeada por el río Jima y poseer la presa de Rincón, los habitantes de Jima Abajo provincia La Vega, carecen de los principales servicios básicos y son victima de otros males sociales, situación que le ha impedido desarrollarse.
Estos pobladores ven como improcedente que teniendo a pocos kilómetros la presa de Rincón, levantada en el río Jima para irrigar sus parcelas y suplirles agua potable, ese poblado esté padeciendo la falta del líquido.
También es palpable la deficiencia en el servicio de energía eléctrica, verificándose apagones de 12 hasta 15 horas, escenario que dificulta el desarrollo de las actividades cotidianas y estanca el desarrollo local.
El productivo poblado tampoco posee un sistema de drenaje pluvial, y todas sus calles están destruidas, incluyendo la carretera que lo comunica con el municipio de Cotuí, la cual tiene más de 20 años intransitable.
A esto de une la falta de fuentes de empleos, instalaciones deportivas, la desprotección, drogadicción y la delincuencia en todos los sentidos, condición que mantiene la comunidad sumida en la penuria y desesperanza.
Los recursos destinados en el Presupuesto Nacional no son suficientes para ir en auxilio de esta comunidad, que vive de la producción de arroz (146 mil tareas en su municipio cabecera) y que aspira a tener otras fuentes de sustentos.
Munícipes de esa demarcación coinciden en que exceptuando al síndico Alberto Monegro, las autoridades no han logrado satisfacer sus necesidades más perentorias, por lo que están solicitando al gobierno asumir medidas urgentes tendentes a satisfacer sus necesidades.
Los lugareños explicaron a DominicanosHoy que la venta de drogas está entre los problemas que los mantienen en vilo, a lo cual se agregan los atracos a cualquier hora del día.
“Aquí hay que acostarse con las gallinas”, dijo un ciudadano que no quiso identificarse y que según contó estuvo a punto de ser liquidado por cuatro desconocido que lo encañonaron y le robaron lo poco que tenía. “Pasé un mal rato”, abundó.
Narró que denunció a la Policía lo sucedido, “pero se hicieron de la vista gorda”.
Algunos munícipes definen la delincuencia como una actividad común, mientras otros dan su voz de alarma a fin de que no empeore.
Eugenio Hernández, un motoconchista cuestionado al respecto, indicó que la falta de trabajo y de políticas que lo estimule es de los males que más lo está perjudicando.
Julia Pérez Reynoso, una residente dijo que tanto la carretera que va a Cotuí como las calles del poblado llevan unos 20 años sin arreglar.
Sostuvo que la falta de agua potable es perenne pese a que hace varios años “gastaron un dineral en la construcción de un acueducto y no ha servido para nada“,
Síndico
No obstante, para el alcalde Alberto Monegro el pueblo se ha superado significativamente, pero existen asuntos pendientes entre estos la construcción de una funeraria municipal, lo cual ya está en marcha con la ayuda de la primera dama, Cándida Montilla de Medina.
Menegro citó como la problemática más urgente la construcción del sistema cloacal y tratamiento de las aguas residuales, lo cual limita el desarrollo de la comunidad.
