“Una generación de sordos en RD”

Décadas anteriores era moda de adolescentes y jóvenes, ahora hasta los más adultos han adoptado este nocivo hábito de salir a la calle escuchando música con audífonos, a un volumen tan alto que la persona de al lado puede identificar fácilmente la canción que está sonando.
 
Es común ver en cualquier lugar o medio de transporte como el metro, autobuses y carros públicos a individuos ensimismados con sus celulares en mano y audífonos, salir y regresar a la casa sin quitar ni un momento las bocinas de sus orejas.
 
No es de sorprender si a un adolescente tienen que repetirle varias veces la misma pregunta, como si se tratara del abuelo que respondía con un qué tan alto que retumbaba nuestros tímpanos.
 
Al parecer la juventud de hoy se está convirtiendo en una generación de sordos, que no le importa su salud auditiva y le da un comino violar los decibeles permitidos para cuidar el bienestar propio.
 
Sin embargo, el panorama es aún más difícil cuando el ruido de los demás afecta a terceros como el provocado por altoparlantes, guaguas anunciadoras de publicidad, comercios ambulantes, vehículos de motor sin silenciador y la fastidiosa disco lights tan popular en la campaña electoral en República Dominicana.
 
La insensibilidad y la falta de educación de los ciudadanos los lleva a cometer imprudencias que rayan en lo imperdonable, como tocar bocinas en la cercanía de un hospital o centro educativo y peor aun pasar con un “musicón” para demostrar lo bien montados que están.
 
Ni siquiera en la casa puede librarse de los molestosos ruidos, debido a que el vecino, para sentirse bien cuando escucha música, necesita que los demás también la oigan, sin importar que sea o no de su agrado.
 
Como forma de paliar esta situación, el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 amplió sus servicios y desde el 15 de enero del 2015 empezó a recibir denuncias por niveles de ruidos excesivos que molestan a la ciudadanía.
 
La entidad precisa que se define como ruido todo sonido indeseable que, por su naturaleza, magnitud o duración puede afectar la salud de las personas y el ambiente, esto basado en el marco legal de la Norma de Ruido, además de la Ley 287-04 sobre Prevención, Supresión y Limitación de Ruidos Nocivos y Molestos; en la Ley 64-00 de Medio Ambiente, entre otras.
 
Desde la puesta en marcha de este nuevo servicio, en tan solo seis días, el 9-1-1 atendió 3 mil 307 llamadas de denuncias por ruido, e incautó 838 bocinas; multó a 37 propietarios de vehículos. Del total de los casos el 91.68% correspondió a música alta y el 7.2% a sonidos provocados por herramientas, centros religiosos, ventas de productos con altoparlantes y el 1% a construcciones fuera de horario.
 
Dentro de las sanciones para quienes incumplan los niveles de sonidos van desde la incautación de bocinas y equipos de música, al cierre de instalaciones, o multas que oscilan entre medio sueldo mínimo y 3 mil salarios mínimos, dependiendo de la gravedad.
 
Decibeles permitidos
 
La intensidad de los distintos ruidos se mide en decibeles (dB), unidad de medida de la presión sonora. El umbral de audición está en 0 dB (mínima intensidad del estímulo) y el umbral de dolor está en 120 dB.
 
Para tener una aproximación de la percepción de la audición del oído humano, se creó una unidad basada en el dB que se denomina decibel A (dBA).
 
El oído humano tiene la capacidad de soportar cierta intensidad de los ruidos; si estos sobrepasan los niveles aceptables, límite de 65 dB para la Organización Mundial de la Salud (OMS), entonces, provocan daños en el órgano de la audición.
 
En la ciudad, los niveles de ruido oscilan entre 35 y 85 dBA, estableciéndose que entre 60 a 65 dBA (zonas de incomodidad acústica) se ubica el umbral del ruido diurno que comienza a ser molesto.
 
Las cifras medias de las legislaciones europeas marcan como límite aceptable 65 dB durante el día y 55 dB durante la noche.
 
La capacidad auditiva se deteriora en la banda comprendida entre 75 dB y 125 dB y pasa a ser nivel doloroso cuando se sobrepasan los 120 dB, llegando al umbral de dolor a los 140 dB.
 
Por ejemplo: en una biblioteca se tienen 40 dBA; en una conversación en voz alta 70 dBA (1 m de distancia); tráfico en una calle con mucho movimiento sobre 85 dBA y el despegue de un avión 120 dBA (70 mts. de distancia).
 
En República Dominicana, en la zona de tranquilidad como hospitales y centros de salud, en el día los decibeles permitidos son de 55 y en la noche 50. En las oficinas y escuelas: día: 60, noche: 55. En tanto, en la zona residencial el rango de día es 60; noche: 50. En áreas residenciales con industrias o comercio: día: 65; noche 55. Asimismo, en zonas comerciales: área industrial día 70; noche 55.
 
Ojalá que los dominicanos aprendan a familiarizarse con el término higiene sonora que consiste en una serie de medidas individuales y sociales para la protección contra el ruido. Entre ellas: saber reconocer los peligrosos, protegerse frente ellos; evitar producir bullas innecesarias y respetar el derecho de las demás personas a un ambiente sonoro agradable para que no se conviertan en la generación de sordos que inminentemente amenaza con atraparlos.

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