Autor : Arquitecto y escritor Manuel Salvador GAUTIER
Editorial : Santuario
Critica de : Dr. Juan Martínez Luque
Libro : Un árbol para esconder mariposas
La sabiduría se hizo ciencia, pero no antes de pasar por el reconocimiento que deja año tras año, la pluma Manuel Salvador Gautier. Esta obra, de instantaneidad hecha palabra, nos enseña como la raza humana puede convencer sus sentimientos otorgando libertad a sus amoríos. (así lo ve nuestro autor y así, escribe sus pensamientos, en esta narrativa donde esconde mariposas, en el árbol de la vida, que no es otro, que nuestro evolutivo paseo por el sabio sendero de nuestra existencia).
Cuenta el libro, de forma didáctica, brillante, que Liliana; una mujer de sociedad con standing alto, de formación universitaria, de etnia blanca, con ojos inmensos y un cuerpo para despertar emociones, que descubrimos a través de las hojas de esta obra, donde probablemente hasta el propio autor se enamoró de ella, por la forma substancial repleta de sensibilidad y dulzura, que la describe y que avanza en su concepto de querer enamorar igualmente al lector, porque esta blanca de cuerpo esbelto crea fantasías.
Enfrente, África arcaica, aquella desconocida, la inmortal perdida entre bosques y mesetas que un día dio vida a los antepasados de Tian, un mulato-negro dominicano, de origen haitiano, perdido en el mundo de su religión rebelde y desorganizada en su concepto, hombre de raíces clásicas, que pasea en su interior los caprichos masculinos, que como bien dice el autor: La ofrenda surge de sus labios que murmuran palabras de rito. Él la mira, la contempla, se fija en su vestido que encierra carnes que abultan con la agresividad de una diosa megalítica.
Bajo la sombra de un árbol, mientras escucha el aleteo de mariposas escondidas, es el latir de la misma descripción de su vida, donde las hojas son los sentimientos y las ramas las emociones, llegan hasta alcanzar el cielo con la inspirada mezcla de semillas originarias que crean un fruto con sabor a sincretismo cultural. Esa mezcla es la substancia que alimenta la obra de Manuel Salvador Gautier, a través de un mundo donde la tolerancia es la primera prueba a la que ambos deben someterse. No es porque el autor define escenas bondadosamente sensitivas, cuando escribe: la miro, la sigo con la vista. Su pelo cae lacio sobre el cuello, a veces brinca y su andar elegante detiene la musa de Tian. Creo que la inspiración sensitiva, aquella noche de insomnio y escritura creativa valiente, se apoderó de Manuel Salvador Gautier, y en un mundo de rebeldía emocional, supo escribir de forma placentera una mujer deseada, que de escritura contemplativa alivió la mente del escritor, para imprimir aún más rebeldía a aquella historia repleta de sensibilidad.
Esta forma tan directa de grafía, elegante en el concepto escritural y delicada con asombro en su forma literaria, es lo que algunos podemos llamar arte retórico.
Pero hablemos de la obra en sí, de los dos personajes y de esa historia tan completa que une dos mundos en el mismo cosmos y en las entrañas de valores dispuestos a entenderse. Tian en su infancia, por los alrededores de San Juan de la Maguana, vive con un abuelo, famoso por sus adivinaciones, con una familia que invocaba de pleno a Tinyó Alagué y enviaba plegarias a san Rafael Arcángel, recordando al abuelo que, detenido delante del árbol, con hojas moradas, ensartándolas para formar una corona redonda, el día que le anunció que sería hungán. Después, crece y se establece en N.Y. Aquí el autor abre un espacio con secuencias elementales estableciendo un enclave con una acción dentro de otra, ese acontecimiento crea un enlace que integra y distribuye la historia de forma magistral con núcleos que solo los buenos escritores son capaces de acomodar en el espacio narrativo.
Ella es hija de familia holgada, que vive en un barrio exclusivo de Santo Domingo, coqueta, sensual, que emite promesas de embrujo y de placer, que equilibra su vida con estudios afanosos y obligaciones de una sociedad comprometida con el nivel aparente de riqueza. Una mujer capaz de seducir al espíritu negro, ¡solo que ella es blanca! Más tarde, a la edad adolescente también emigra a la gran urbe norteamericana.
A través del texto constatamos que tanto Liliana como Tian, viven en N.Y. El autor define esta ciudad como un tropel de sombras fugaces que se combinan con una materialidad arrolladora. Ella llegó a los once años, junto con su papá, su mamá y dos hermanas. Se adaptó a la gran ciudad donde las soledades, los desencuentros, las hostilidades y desequilibrios están día a día, presentes en cada ente de la cosmopolita metrópoli. Modesto, el padre es un hombre valiente, aventurero que apostaba por el riesgo con enorme intrepidez.
Se casó con su negro y divino Tian, a causa del aislamiento que provoca esa gran urbe, que fue la culpable de esta situación emotiva.
Él, Tian, es contemplativo de mitos y creencias africanas, resultado de un chamanismo que nunca pudo olvidar, insertado en la espiritualidad transcendente, de envoltura con atracción telúrica.
Vemos pues, una historia donde los actantes crean un interés especial por sus condiciones diferentes de dos formas distintas de vivir y de comprender la existencia. Ella, es rica, culta, envuelta en familia de fácil dialogo y comprometido profesionalismo, y él, todo lo contrario, una muestra de una catálisis que tiene aquí en esta narrativa, la naturaleza que sirve de complementariedad para llenar el espacio historia-tiempo-nudo a una perfecta simbiosis narrativa.
El tiempo de la novela, se lleva a cabo de forma colegial, es decir. ampliando los efectos literarios con orden, duración y frecuencia. Constatamos igualmente que existen en esta novela puntos interesantes de creación literaria completa, así por ejemplo podemos comprobar que, los sumarios o resúmenes del tiempo condensan periodos largos en la evolución de la obra, además algo llama la atención y es que la isocronia es perfecta y coincide con los eventos de los tiempos redactados, donde varios acontecimientos suceden simultáneamente en el transcurso del relato.
Hay además algo que atrae la atención del lector en el párrafo Él, Volver (pagina 97), aquí vemos como procrean dos hijas, después de una vida común en el matrimonio de nuestros protagonistas en N.Y., algún tiempo más tarde, la vida se complica y una cierta diferencia surge desde lo profundo de la dignidad de cada uno, que al final se convierte en una ruptura evidente. Liliana y Tian, conmueven al lector, con la disolución provisional de la pareja, ya con hijos y después de tantos sacrificios de vida común. Él piensa en sus niñas.
Las echa de menos, incluso piensa para sí mismo, que no es sentimental para lamentarse de sus decisiones, pero que se siente un hombre despojado porque el sentimiento de padre le corroe el alma.
Después de tanto sufrimiento envuelto en melancolía, el libro abre una nueva etapa con un nudo o conflicto suplementario que carga de interés y de sensibilidad la obra.
M.S.G. actúa en función del objetivo que persigue, interés, para atrapar al lector. Por eso, en la parte más ambientada incluye con un orden cronológico perfecto, cada acápite ofrece un desarrollo planteando un conflicto interno que realza el interés y mantiene la tensión en el relato.
Como veis, es una historia interesante que, de forma clara, concibiendo cada protagonista in temporis y in actus es decir en el espacio-temporal, atrae, porque la capacidad de fabular con elementos arquetípicos la emparenta con el lector que sin esperar ningún giro imprevisto se encuentra con una simbiosis de dos personas tan distintas, donde al final, llegan a la disolución, separación matrimonial, sorprendiendo al lector.
Creo que el edificio de nuestro arquitecto, contiene bloques, pilares, bóvedas con aires gramaticales mezclados en el cemento de un rascacielos que sube al cielo, y los materiales sólidos combinados con un enigma que revelado en el último momento, añade ritmo a un clímax intenso, no hace sino confirmar la construcción arquitectónica de una calidad literaria realmente loable, y como bien decía Franck Gehry arquitecto conocido, La arquitectura debe hablar de su tiempo y lugar, para anhelar la eternidad, y otro gran arquitecto, Alvaro Siza, añade: los arquitectos no inventan nada, solo transforman la realidad, yo simplemente le diría a Alvaro Siza, que cuando dejó impresas sus frases no conocía a M.S.G., porque nuestro arquitecto si inventan y crea, aunque sean con palabras trazadas al compás de un edifico literario.