Por: Martina Soriano
Las mujeres dominicanas representan el 58.68 % de la emigración, superando a la de los hombres. Esto le ha permitido a muchas familias, la movilidad social que no encontraban en su país. A través del trabajo, la educación y el emprendimiento, las dominicanas se han integrado de manera productiva y efectiva, en sociedades altamente exigentes y competitivas.
Estudios demográficos reportan que los dominicanos forman el 3 % de la población de inmigrantes de USA y solo el 17 % de los adultos, hablan el idioma inglés.
Aunque la mayoría de las dominicana, no hablan la lengua anglosajona, es una de la población de inmigrantes que más se preocupa por su superación y la educación de sus hijos.
La emigración de las dominicanas, comenzó después de la muerte del dictador Leonidas Trujillo. La mayoría de ellas emigraron a partir de la década de 1990. Casi todas se establecieron en el Noroeste de USA, aunque el estado de Nueva York concentra la mayoría de las dominicanas. Los principales países de destino de las migrantes dominicanas son: Estados Unidos, España e Italia.
Las mujeres que residen en USA, encuentran apoyo, protección y seguridad de parte del gobierno y las leyes, a diferencia de su país de origen, la violencia de género es castigada en esta sociedad. El respeto por la vida humana, etnias, orientación sexual y religiosa, tiene un valor en norteamérica.
La mujer es dueña de su propia maternidad y de su cuerpo y decide cuántos hijos tener, cómo y cuándo.
Cuando una dominicana, decide salir de su zona de ‘confort’ y emigra a Estados Unidos u otro país, persigue nuevas oportunidades, busca un espacio de realización y participación, para mejorar su condición de vida y la de su familia.
El que lo consiga depende de factores internos y externos, de su adaptación al país de acogida, a su cultura y sus costumbres. La mujer dominicana es autodeterminada, con un sentido de empoderamiento y sobrevivencia incuestionable, su fuerza y fortaleza, es comúnmente el sello de familia.