La cultura del alboroto en escenario otra vez

Los dominicanos somos sumamente especiales, no me canso de repetirlo, y este parecer se consagra en mi convicción en la medida en que pasan los años y el discurrir del panorama social, económico, político, religioso y mundano de nuestra sociedad, y que me convierte en una gran espectadora con todo el derecho al disfrute.

La cultura del alboroto es un signo que nos distingue grandemente. Está arraigada en el corazón del pueblo y hemos tenido que convivir junto a ella a lo largo de los años que tenemos de vida democrática.

Es a la vez una tradición muy nuestra y quien no quiera vivir en alboroto, encantadora experiencia de vez en cuando y de cuando en vez, simplemente que desaparezca del territorio dominicano.

Mantenernos en un alboroto constante difícilmente lo dejemos de lado. Es fascinante la calidad de los aportes que se ofrecen. Desde cualquier escenario, desde cualquier parte, letrados, iletrados, profesionales, especialistas en diferentes áreas y hasta la gente común participa, todos expresan su parecer sobre el tema en cuestión, el tema que los involucra, la verdad que defienden y la pasión que se muestra al abordarlo.

Los alborotos que se suceden en la República Dominicana demuestran la excelente preparación del pueblo para debatir el tema en el tapete que puede tener cara de algún proyecto oficialista, del sector privado, sobre una persona, grupos o de una determinada acción que afecte los intereses del pueblo mismo en su concretización.

En alboroto pleno se construyeron las principales avenidas de la capital dominicana, especialmente la 27 de Febrero; se construyó el Faro a Colón, se construyó el Metro de Santo Domingo, proyectos hidroeléctricos, aeropuertos, en fin, cientos de casos y cosas que se hicieron realidad en medio de alborotos.

En la semana que acaba de transcurrir  mermó el alboroto que inició días antes sobre el proyecto de desarrollo de Pedernales, Bahía de las Águilas y los terrenos en litis de supuestos propietarios.

El proyecto para explotar y desarrollar turísticamente la provincia de Pedernales y por ende la región Sur, es una clara intención del presidente Danilo Medina de sacar de la miseria centenaria en que han vivido los habitantes de esa zona del país, de generación en generación, y que han sido los grandes olvidados de todo el mundo incluyendo los gobiernos, sus autoridades locales y los empresarios.

El alboroto no se hizo esperar cuando salió a la luz pública por lo que el gobierno debió hablar. El presidente Medina está oyendo explicaciones, la oposición ofrece la suya, el pueblo se expresa, quienes hacen opinión hablan los idiomas de los que tienen y ostentan poder sobre el asunto.

La gente en las calles comenta, dice cuántas cosas les llega a la boca sin conocer de lo que se trata, no importa saber, el alboroto está en pie nuevamente. Ambientalistas toman protagonismo, gente ligada al sector turismo también muestra su parecer, las redes sociales se alimentan enormemente del caso, se desempolvan intereses, diarios digitales publican la lista de los supuestos dueños de títulos.

Todo el que ha querido participar del alboroto lo ha hecho, todos hemos tenido participación, sólo que la gran mayoría, en los que me incluyo, está  en pleno derecho de exigirle al mandatario no detenerse ante este alboroto que procura quitarle la esperanza a tanta gente que no eligió nacer en el Sur, pero que ellos existen, como las incomparables bellezas naturales que los rodea y que merecen ser acariciadas por millones de hombres, mujeres y niños de todo el mundo que buscan en el planeta el paraíso soñado y que sólo Dios lo creó en la República Dominicana y se llama Pedernales con Bahía de las Águilas de cabeza.

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