¿Y dónde estaban esos patriotas?

Hablar hoy de situaciones añejas como si fueran nuevas, sin contexto ni memoria, crea más confusión que soluciones. Aunque muchos lo hacen con sentido patriótico, no faltan los oportunistas y resentidos que se suman al ruido, unidos a políticos, cuyo único objetivo es que el gobierno actual sucumba para ellos subir.

El caso Friusa no es nuevo. Lo sabían los inversionistas, los magnates de Punta Cana, y quienes vivimos en este país pequeño, donde todo se sabe. Se prefirió mirar hacia otro lado, incluso cuando era evidente que la Dirección General de Migración operaba como apéndice del partido de turno, manejada por allegados del presidente o militares del clan dominante.

Es cierto que algunos pocos reaccionaban y hablaban del tema migratorio, pero ninguno, —incluyendo quienes dirigieron Migración—, resolvió el problema ni dejó una estructura funcional para que esa institución operara con eficiencia. Los hechos están a la vista. Durante años, —y no sé por cuántos más—, se ha postergado este tema, se ha improvisado, se ha maquillado. Ahora vamos a ver si, por fin, se concreta una solución real.

Y es bueno recordar que muchos de los que hoy protestan y se golpean el pecho, fueron los mismos que propusieron leyes que nunca se ejecutaron ni se les dio seguimiento. Olvidaron que las leyes, por sí solas, no resuelven nada si no se acompañan con una estructura operativa real y sostenida. Y durante años, la Dirección General de Migración ni siquiera tuvo una base mínima para ejecutar lo que la ley ordenaba.

Entonces, ¿por qué las protestas ahora, justo cuando se comienza a accionar con seriedad para establecer controles reales?

El 9 de agosto de 2014 publiqué en el Listín Diario el artículo “La balcanización de un Estado”, donde advertí. —con serenidad y argumentos—, lo que ahora vemos desarrollarse ante nuestros ojos.

Sería interesante saber cuántos de los que hoy se agitan con banderas y consignas siguieron la línea de ese análisis. Cuántos lo entendieron, lo respaldaron o al menos lo leyeron con la seriedad que merecía.

Lo dije entonces, y lo repito hoy: esto no es un simple problema migratorio, ni tampoco una catástrofe inevitable. Es una construcción lenta, peligrosa, impulsada por políticos, empresarios, militares y sus islas adyacentes.

Y cuando menciono el riesgo de una balcanización, no hablo en abstracto ni exagero: basta recordar lo que ocurrió en 1999 con Kosovo, que era una provincia autónoma de Serbia, haciendo frontera con Albania. Durante años, los albaneses fueron emigrando hacia esa región serbia hasta que, al intentar el gobierno serbio recuperar el control, surgió una rebelión separatista. Así se gestó la fragmentación territorial que terminó en la independencia forzada de Kosovo. No estamos hablando de tiempos remotos ni de antes de Cristo, fue hace apenas 25 años.

A los jóvenes que hoy protestan con justa indignación, les digo: muchos de ustedes eran apenas niños cuando este artículo fue escrito. No dudo de su buena fe. Pero es vital que revisen la historia reciente, los documentos, los hechos. Que no se dejen utilizar por quienes los manipulan con símbolos y consignas, mientras callaron y miraron hacia otro lado.

Este momento exige firmeza, sí. Pero también exige memoria, verdad y coherencia.

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