Al caminar por los pasillos de la XIII Feria Internacional del Libro, en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, se escuchan voces de niños, jóvenes o adultos y es imposible no sentir curiosidad en echar una ojeada a los libros que se encuentran en los diferentes puestos destinados para la exhibición y venta, y por qué no, llevarse toda una canasta llena de estos.
Pero lamentablemente, también es imposible dejar pasar por desapercibido, que en este año ha aumentado la cantidad de Kioscos de comidas, bebidas, chuchearías diversas y otros artículos que no tienen relación alguna a los fines de esta Feria Internacional, que está organizada bajo el lema “La Lectura es el rostro que te identifica”.
A esto también se agrega una cantidad enorme de vendedores ambulantes que se apersonan a las inmediaciones de esta feria, celebrada anualmente para suministrar algún tipo de producto, muchas veces sin las condiciones de higiene que merece el trato de alimentos y bebidas. Y es que en el momento que Don Julio Postigo, un librero y pastor evangélico, propuso en 1950, que el 23 de abril fuera instituido el “Día del libro” en honor a Miguel Cervantes, no se imaginó el crecimiento que tendría esta actividad anual y la importancia, no sólo para nuestro país, sino para muchas otras naciones que actualmente participan en esta.
Aunque no se trata de desconocer datos fuertes de la realidad, no hay duda en que la demanda de libros mejoró en comparación al pasado año, pero sigue siendo más baja que en otras ocasiones, aunque en comparación con los años de autoritarismo político, censura cultural y discriminación ideológica, las cifras, en este sentido, si han aumentado. Pero, también existe la situación, de que así como se puede hablar de “música chatarra” para referirse a productos de mala calidad, lo mismo podría hablarse de “libros basura” para aludir a textos relacionados con la denominada industria cultural apuntada a consumos masivos.
Este debate es antiguo, pero todos los años se renueva. Importantes intelectuales de todos los países advierten sobre la degradación del libro, la manipulación del lenguaje, la corrupción de las palabras, y si bien algo de verdad hay en estas consideraciones, no se puede desconocer que de todos modos, tratar de maximizar la lectura entre todos los dominicanos y dominicanas seguirá siendo un hecho culturalmente valioso y hay que reconocer el gran interés de las autoridades por incentivar que no se pierda el hábito de la lectura.
*Universidad del Caribe (UNICARIBE)